El Estado le paga al etarra 'Txapote' la carrera de psicología

txapote

No se relaciona con nadie en el módulo de la cárcel Huelva II. Dedica una hora a andar por el patio o a hacer ejercicio en el gimnasio. Lee y escribe muchas cartas, contesta a todas las que le llegan. Y estudia. Francisco Javier García Gaztelu, «Txapote», está matriculado en psicología o en otra carrera similar (o en ambas) en un centro universitario, según han informado a La Razón fuentes penitenciarias.

El asesino del concejal del PP de Ermua, Miguel Ángel Blanco, al que le pegó dos tiros en la cabeza con una pistola del 22, se va a convertir, en el peor de los casos, en un psicólogo, no se sabe si para explicarse a sí mismo o a los demás las razones profundas de todo el mal que ha hecho. Por sus últimas apariciones en público, en juicios, –ya que cuando salió de la cárcel para visitar a su padre enfermo estuvo inaccesible–, no tiene pinta de andar muy arrepentido de las atrocidades que ha hecho.

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El concejal de Herri Batasuna de Eibar, Ibon Muñoa, que escondió al «comando» asesino de Blanco en su casa, se matriculó en periodismo y, al parecer, ha concluido sus estudios en la cárcel en la que cumple condena. «Txapote» disfruta una vez al mes de un vis a vis, que permite el mantenimiento de relaciones sexuales, con su mujer, Iranchu Gallastegui, presa en la misma cárcel, en la que están juntos en una situación que se mantiene en el tiempo y que se inició cuando tuvieron un hijo fruto de su unión. El niño podía estar con la madre hasta que cumpliera tres años. Gallastegui y Gaztelu, junto con Geresta, formaban parte del «comando Donosti» que, además de asesinar a Miguel Ángel Blanco, cometieró muchos otros atentados.

La estancia en el mismo centro la consiguieron en marzo de 2009, en la prisión coruñesa de Teixeiro, por decisión del juez de vigilancia penitenciaria. Gallastegui estaba ya allí con su hijo menor de tres años y tenía derecho a ello, de acuerdo con lo previsto en la reglamentación penitenciaria. En 2007 había solicitado el traslado de García Gaztelu, como padre del niño, pero no lo logró hasta dos años después. A partir de ese momento, podían disfrutar del citado vis a vis mensual. Según se comenta, mientras estuvo con ella Gallastegui sólo enseñó a su hijo euskera. Con posterioridad, según las listas que publica la asociación de familiares de reclusos Etxerat, pasaron por El Acebuche, en Almería, y por la cárcel gaditana de Puerto III. Y ahora, en Huelva II.

En este centro cumplen condena también los etarras Aritz Arginzoniz Zubiaurre; Juan Carlos Besance Zugasti; Bittor Franco Martinez; Fernando García Jodra; Iker Lima Sagarna; Ángel López Anta; Aitzol Maurtua Eguren; y Jon Urretavizcaya Sauquillo. García Gaztelu, según las citadas fuentes, no da ningún tipo de problema dentro de prisión. «Vive su vida, cumple las normas, sigue las directrices del colectivo EPPK, acude de vez en cuando al economato a comprar alguna cosa y, sobre todo, lee y escribe». Los libros los pide en la biblioteca de la cárcel por lo que se interesa por todas las materias.

Dedica también mucho tiempo a estudiar para sacar adelante los estudios de psicología y otros materias. Demuestra en todo momento un gran auto control, lo que le hizo tan peligroso en su época de etarra en activo. Está como el lobo en la guarida. Pero su prepotencia la mantiene y es de los etarras que goza de más «prestigio» entre sus compinches de la banda. Para ellos, fue un efectivo miembro de célula y un buen jefe de «comandos», cuando pasó a Francia para hacerse cargo de estas funciones.

Gaztelu mandó al «carajo» al tribunal y lanzó un beso a la juez Ángela Murillo. «Váyanse al carajo», respondió «Txapote», al ser preguntado por la presidenta del tribunal si iba a contestar al interrogatorio del representante del Ministerio Público. La magistrada decidió entonces mandar al etarra al habitáculo blindado de la sala, desde donde siguió el resto de la vista oral. El etarra volvió a ser reprendido por el tribunal. El pistolero lanzó un beso y la juez Murillo ordenó a los agentes que se lo llevaran de la sala, aunque el acusado continuó gesticulando hacia sus abogadas. En otra ocasión, no quiso contestar si había participado en otro asesinato: «No me fijo en esas cosas», dijo.

Viene a cuento lo ocurrido entonces porque como precedente para las futuras actuaciones del psicólogo García Gaztelu resulta ilustrativo. Será interesante conocer la terapia que aplica a sus pacientes y cómo.

 


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