¡Ahí va, la hostia! Un estudio confirma que el coronavirus es vasco

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El primer caso diagnosticado de coronavirus en la España peninsular se detectó el 24 de febrero. Un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y del Instituto de Investigaciones Sanitarias (IDIS) acaba de publicar en «Zoological Research» que el virus pudo entrar en nuestro país apenas dos semanas antes, el 11 de febrero, concretamente por el País Vasco, y muy probablemente Vitoria. Es una de las muchas conclusiones a las que llega el equipo de científicos que lideran Antonio Salas y Federico Martinón, que aprovechan el trabajo previo desarrollado en mayo, cuando realizaron un ambicioso análisis de 5.000 genomas del virus para su catalogación. Ahora han estudiado su dispersión localmente.

«El virus nace en noviembre de 2019 en China y evoluciona a partir de ahí», explica Salas, «si tengo que apuntar una fecha de llegada a España es el 11 de febrero, con un pequeño de margen incluso finales de enero, pero nunca antes». Sería «incompatible» con la «variabilidad genética» observada en las muestas estudiadas. La primera cepa que se detecta es la B3A, cuya procedencia los investigadores no son capaces de especificar, ya que casi en paralelo a su detección en España aparecen casos en Francia. Apenas unos días más tarde, el 20 de febrero, se identifica la primera presencia de la cepa A2a4, y el 25 la A2a5.

La primera «se extendió por todo el mundo» pero curiosamente en España «no fue la cepa más exitosa». Por el contrario, de la segunda se ha identificado su procedencia en Italia y su entrada por Madrid, desde donde se extendió por el conjunto del país. La B3A y la A2a5 son las cepas presentes en el 78% de los casos analizados. Si a estas tres ya mencionadas se añaden la B9 y la A2a10 se identifican el 90% de los casos de que se tiene constancia en la base de datos estudiada, y se localizan claramente en el periodo entre el 25 de febrero y el de marzo, «un importante periodo de incubación antes de la gran expansion del Covid-19» que obligó al confinamiento masivo de la población.

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No obstante, Salas y Martinón sostienen que en España se han identificado —en el periodo estudiado, desde febrero hasta comienzos de junio— 97 cepas y subcepas. De ellas, 34 se cree que fueron entradas individuales del virus —lo que descarta la posibilidad de un único paciente cero— y las 63 restantes son fruto de mutaciones. Según Salas, «el virus muta cada dos semanas», aunque no todas sus variantes necesariamente evolucionarán y se extenderán. Esto abunda en su teoría de «por pura genética evolutiva», el SARS-CoV-2 «llegará un punto en que alcanzará un equilibrio y no acabará con el huésped», rebajando así su nivel de letalidad. ¿Y qué hizo que esas cinco cepas y subcepas se expandieran con tanta facilidad? Los investigadores lo vinculan a «eventos de supercontagio», que explicarían los picos de contagio en áreas geográficas muy concretas en estrechos periodos de tiempo.

La investigación ha servido también para descartar la teoría de que la mutación D614G tuviera «un mayor componente de transmisibilidad». «Es una idea interesante», admite Salas, «pero en España no vemos correlación entre la incidencia de la enfermedad y esta mutación, cuya frecuencia es mucho más elevada en cualquier otro sitio de Europa».

El trabajo de Salas y Martinón es el mayor estudio global realizado hasta la fecha en relación con la variabilidad genómica del Covid-19 en el mundo y el primero publicado en la exploración de la variación genética en España, luego del análisis de unas 41.000 muestras genómicas de todo el mundo, 1.245 de origen español.

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