Pablo Iglesias, retratado: se niega a ponerse un pin con la bandera de España 'cutre y facha'

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Los españoles, ese extraño país en el que, la mayoría de sus ciudadanos, se avergüenza sin rubor de sus propios símbolos nacionales. Esos que sólo alardean y sacan a relucir con los triunfos de su selección. El resto de los 365 días del año, por paradójico que parezca, lucir una bandera rojigualda, es de 'facha'. Éstas cosas, sólo pasan en España.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, acudía a 'La Sexta Noche', su particular escaparate en el 'prime-time' de los sábados, dispuesto a pavonearse y (una vez más) hacer campaña electoral sin necesidad de pasar por caja. Ellos le han encumbrado y ellos esperan recoger (cuando gobierne) las prebendas y favores de su orador de cabecera, el nuevo tótem político de la ultraizquierda patria.

Algo así como un 'Alo Presidente' del venezolano Hugo Chávez en versión typical spanish. El cuarto poder de la prensa, en la era de la comunicación y las redes sociales, es capaz de influir, como nunca, en el siempre voluble espectro electoral de nuestro país.

Pero ésta vez quedó retratado. El periodista Eduardo Inda, tertuliano habitual y colaborador del diario El Mundo, se salió del guión marcado y, tras recordarle a Pablo Iglesias sus críticas al himno nacional (que, como publicó Mediterráneo Digital, calificó abiertamente de 'cutre pachanga fachosa'), se levantó en pleno debate y le ofreció retractarse públicamente poniéndose, en la solapa, un pin con la bandera de España.

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El gesto del dirigente comunista no sólo mostró una indisimulada mueca de desprecio, sino que rechazó abiertamente el ofrecimiento: 'mi madre me enseñó a no aceptar regalos de extraños', murmuró entre el desconcierto general, negádnose incluso a tocar la insignia. No vaya a ser que se le pegue algo. Por extraño que parezca, la situación fue recogida con aplausos y síntomas de algarabía por muchos de los presentes.

¿Alguien se imagina a un candidato a la presidencia de Estados Unidos renegando, en un debate de televisión, de su propia bandera? No sólo caería en picado en las encuestas, sino que se enfrentaría, incluso, a sentarse frente a un Tribunal por desacato y menosprecio a los 'sagrados' símbolos nacionales. Aquí, no sólo les reimos las gracias, sino que además los vestimos de santos. Así nos va.

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