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#MeLaFo 21D Guerra de guapas y feas

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Pongamos que en lugar de políticas fueran misses que aspiran a encontrar la paz en el mundo (o la paz en España, menos Miss ERC, Miss CUP y otras). Pongamos que las 'pijas' son las Barbies políticas de la historia (nunca he entendido porque Barbi sacó la veterinaria, la médico, la profesora...y nunca la política) y las feas las Nancys femiprogres. Pongámonos en esta situación e imaginemos que votamos en función de estos parámetros.

La única que podría aspirar a ganar el cargo de Miss Cataluña sería la número 1 de Ciudadanos, Inés Arrimadas (las demás, no valen un pimiento). Solo que en este caso no hay un jurado compuesto por empresarios y viejos verdes, sino catalanes (y catalanas) que van a votar. Y esto último, lo de las catalanas es un problema para Inesita. Porque, queridos lectores mediterráneos, a una mujer le costará votar a otra mujer más guapa que ella. Es complicado entender que la belleza y la inteligencia van de la mano, pero vayamos por partes.

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Inés Arrimadas 

Podemos decir eso de me-la-vo, en lugar de me-la-fo. Y no porque Inés esté sucia precisamente (eso podría -insisto, podría- encajar más con Rovira y similares); sino porque, la-vo-taríamos.

Amar a un hombre de Convergència no es tarea fácil, aunque aquí podemos recordar lo de que "quienes se pelean, se desean", así que la dicotomía me-la-fo/me-la-vo no encaja mucho.

Lo mismo aparece con una bufanda del Barça acompañando la camiseta de la selección nacional (lo que es una macanada semejante combinación de estampados, colores e ideologías), que enfundada en un vestido flamenco en la Feria de Sevilla. Inesita padece una cacao estético digno de analizarse. El mismo caso, en verdad, que el partido al que representa, que en unas cosas son ultraliberales y en otras ultrasocialistas. Lo mismo les da por legalizar la prostitución que en materia económica resultan ser unos carcas socialistas.

Viste, por lo general, muy sosa, y su estilo podría encajar entre lo elegante y lo informal. "Muy Zara", podríamos decir, ya que, orgullosa de pertenecer a la clase media, explota ese lado externo de "vestir bien pero no demasiado".

Porta una 36 (lo que no es muy políticamente correcto si retomamos el asunto de la catalana fea que debe votar a la candidata catalana guapa), se la cataloga de 'runner' y desayuna leche con colacao y con 'pà amb tomaquet' para seguir manteniendo (supongo) esa 36.

Su forma de vestir tiene la finalidad de no echarse demasiados años (creo que ya va por los 34). Evita demasiados abalorios y abusa de los vestidos en forma de "silueta lápiz", que terminan a la altura de los tobillos y realzan una vez más las curvas discretas de esa 36. Podría pasar por periodista de los informativos de La Sexta, no en vano es una fiel admiradora de Ana Pastor. Pero es guapa. Mucho. Angelical. Demasiado perfecta para el me-la-fo y me-la-vo.

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Andrea Levy

Para estas elecciones, dentro de las Barbies de la política, encontramos, en su versión picassiana, a Andrea Levy, cuyo discurso, lectores mediterráneos, no dista demasiado del de Inesita. Solo que Andrea es segundona: va por detrás del campechano de Albiol, del que huye Albert Rivera en las fotografías para no parecer enano a su lado. Levy es la versión reprimida de Arrimadas.

Sin maquillaje no va a ningún lado. Me cuesta olvidar aquella imagen de Levy con poncho en el Parlament, pálida y en una posición de dormirse en su escaño. No queda claro de qué bando está Andreita (Andy para los amigos), más después de esos flirteos contenidos con Pablo Iglesias.

Lo mismo le da un día por ir totalmente pepera con chaqueta de tejido tweed (muy Chandel) con blusa de seda con una especie de lazo en el cuello que no permite que se vea un ápice de su cuerpo, que aparece con una chupa negra de cuero, una camiseta blanca casual y unos vaqueros. Estéticamente poco la diferencia de la candidata de Cs'.

Con un maquillaje nada definido (un día aparece con la cara lavada como si hubiera estado toda la noche vomitando, y al siguiente con ese ahumado en los ojos que parece ser el resultado de una noche de fiesta y que en la industria de la belleza se cataloga de "ojo Panda"), luce siempre una melena corta "malamente" peinada, y de vez en cuando aparece masticando chicle en el Parlament (¡con un par!). Que si los labios color fucsia-morado nada apropiados en la política, que si el labial es color carne o rosa. Andreita siempre tuvo que buscar la fórmula para destacar entre las nuevas generaciones del PP y poder labrarse un hueco en la política.

Y si a Inesita le van los secesionistas, a Andreita los cantautores indies como Nacho Vegas que apoyan la Plataformas de Afectados por las Hipotecas.

Pero cuando la naturaleza no hace sus deberes, hay que recurrir al la cirugía. Y es que Andreita se hizo un aumento de labios, el pasado mes de septiembre, que, a juzgar por el resultado, podría ser un trabajo de botox o ácido hialurónico. También se retocó los pómulos y los párpados. Hace ya un tiempo, en una entrevista para una revista de moda, dejaba caer que padecía anemia, lo que la empujaba a "zamparse" latas de berberechos.

Sin embargo hay una gran diferencia muy importante entre Inesita y Andreita. Mientras que la de Cs' en una entrevista a una revista de moda confiesa que le "encanta", la popular reconoce odiarlo. Planchar. Hablamos de planchar. Andreita cuenta en Telva que "le horroriza planchar". Creo que esta es la razón por la cual hay que votar a naranjita, ya que como buena moza, desempeña las labores domésticas.

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Anna Gabriel

Dar una imagen desaliñada nunca se ha recomendado en la política, aunque en algunas esferas es necesario. De las barbies angelicales de Inesita y Andreita (aquella podría ser de 'nuevas generaciones' del PP), saltamos a esas que proyectan no dedicarle demasiado tiempo a su cuero cabelludo.

Hablar de guapas y feas tampoco debe de ser muy ofensivo si nos referimos a mujeres que a ellas misma se han autodenominado como "puta, traidora, amargada y mal follada", tal como hizo Anna Gabriel (CUP) en enero de 2016 en la Plaza del Rey de Barcelona, para apoyar a esas mujeres que se dedican a la política.

Pelo a tazón y tocarse las axilas para después chuparse los dedos son, por desgracia, lo único que queda de Annita en el recuerdo de los españoles. Afirmo que por desgracia, ya que es una pena enorme que a un politico se le reconozca por semejantes comportamientos primarios y por una estética ya nada original.

No podemos negar que su imagen despierta rechazo entre los hombres y las mujeres. Aquí no es no la vayan a votar las catalanas feas porque ella es más (o sea "presenta" más "fea"), sino que directamente asusta que alguien tan descuidado pueda gobernar algo.

Un corte de pelo a lo garçon, con ese fleki (en mis tiempos se llamaba corte de pelo a lo seta, o algo así), luce harapos con mensajes sin sentido ('Sol y paella. Socialismo', ¿lo recordáis?), y presume de llevar ropa "ecológica".

Annita podría ser lo más parecido al anti-sexy que pudiera haber.

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Marta Rovira

Marta Rovira (ERC), por contra, no llega a esos extremos estéticos, pero proyecta un estilismo descuidado y poco interesante. Con unos rizos que desconocen lo que es una plancha pelo, y con unas gafas tan desfasadas que ni pasan por vintage, presente un rostro sin ningún tipo de emoción, unos ojos pequeños y hundidos, y una alegría que brilla por su ausencia.

Martita no quiere ser guapa, como sí desean Inesita y Andreita; pero tampoco pretende parece fea como ocurre con Annita. Y es que la política de ERC parece darle tanta importancia a su físico como a combinar los colores de su ropa. Lo mismo mezcla naranja con azul y con verde, que rojo con negro y gris. No hay una línea coherente a seguir y da la sensación de que la moda le importa tres pepinos. Confiesa que su única gamberrada en su vida habia sido romper un globo de pequeña, algo que puede explicar el sinfín de gamberradas secesionistas que defiendo en estos momentos.

Expresión triste, arrugas en la frente (no quiere ocultar su edad) y desgana política no son las mejores claves para ayudar al partido de Junqueras. Pero una vez más entendemos la guerra de guapas y feas en la política, que desean la paz en España.

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