Catalanes residentes en Bruselas plantan cara a los separatistas: '¡Qué viva España!'

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A la 'revolució dels somriures' se le dispara la bilis cada vez que alguien osa llevarle la contraria. ¿Cómo se atreven a discutirles a ellos, que están en posesión de la verdad absoluta y enarbolan la bandera de la democracia universal? ¿Es posible que todavía existan personas en el mundo, más allá del anquilosado y demoniaco Estado español, que no hayan caído rendidos a los pies del poder todopoderoso del independentismo catalán?

Ellos son la Luz que ilumina nuestro destino. El Alpha y el Omega. La encarnación del verbo que habita entre nosotros.

Y es que cuando esos ataques vienen desde Madrit, que nos odia, o desde España, que nos roba, todavía encontramos algún punto de justificación: la envidia les corroe. Nunca podrán llegar al nivel de perfección del nacionalismo catalán. Pero lo que es intolerable es que esa crítica venga desde dentro. A miles de kilómetros de casa. Y en el epicentro del corazón de Europa. ¡Malditos botifles bastardos!

Eso es precisamente lo que le ha ocurrido a muchos de los integrantes de la multitudinaria manifestación que ha recorrido este 7 de diciembre las calles de Bruselas en apoyo al expresident Puigdemont y a favor del derecho a la autodeterminación de Cataluña. Los separatistas han llenado Bélgica de banderas esteladas, castellers y cantos contra España.

Lo que nadie se esperaba es que precisamente allí, y cuando ya estaban a un paso de que Europa cayera rendida a sus pies, apareciera entre la muchedumbre, desde uno de los balcones bruselenses, un nutrido grupo de catalanes (los insultos que se intercambiaron con los manifestantes les delataron) ataviados con  vistosas senyeras... ¡y banderas de España!

'¡Yo soy español, español, español!', cantaban entre los acordes musicales del '¡Viva España!' de Manolo Escobar. Y la reacción de los demócratas fue instantánea. 'Traidors!', 'charnegos!', 'botiflers!' y (como no) 'feixistes!' les contestaron los manifestantes entre una monumental y atronadora pitada. Incluso hubo quien se atrevió a desafiar al frío y a las bajas temperaturas de la capital belga en pleno diciembre, se bajó los pantalones y les hizo un calvo. Lo explicaba Alicia, la barcelonesa que organizó la improvisada quedada en la terraza. "Les queremos porque también son españoles", confesaba ante las cámaras de Antena3.

Lo que faltaba. Catalanes que no son independentistas. ¿Cómo es posible? El franquismo se extiende hasta los límites más insospechables. Maleïts botiflers! 


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