Pablo Iglesias llama a salir a las calles y organizar la resistencia contra 'la ultraderecha'

 pablo iglesias comunista

Un vicepresidente del Gobierno llamando abiertamente a los ciudadanos a organizar la resistencia en las calles. No, no estamos en Cuba ni en Venezuela. A esto hemos llegado ya en la España del 2020.

Pablo Iglesias, quiere sardinas españolas. Reclama a las bases de los partidos que dan soporte al gobierno, PSOE y Unidas Podemos, y a las organizaciones de la sociedad civil que de un paso al frente en una "movilización en defensa de las bases de la democracia ante la amenaza de la ultraderecha". La democracia que quieren ellos, donde solo caben los que piensan bajo el yugo del totalitarismo progre y su superioridad moral.

Lo hizo durante su discurso en el homenaje al poeta represaliado por el franquismo Marcos Ana (1920-2016), celebrado en el auditorio Marcelino Camacho de Madrid, coincidiendo con el centenario del nacimiento del escritor.

El líder de Podemos había reiterado la idea desde la firma del acuerdo de Gobierno de coalición, de que el activismo social y la movilización deben ser un acicate para la acción del gobierno y contrapesar las presiones obvias a que someten al ejecutivo otros poderes e intereses. Pero la idea que promueve ahora es más amplia que el mero acompañamiento del programa de gobierno, y la ha convertido en una llamada a la resistencia desde las calles. No es nuevo. Lo puso en marcha Chávez solamente tomar el poder en Venezuela.

Poniendo como ejemplo el caso de la movilización de las sardinas italianas –el nombre procede de la convocatoria de los estudiantes boloñeses, que llamaban a llenar las plazas como “sardinas en lata”–, frente a la formación de Matteo Salvini, el dirigente considera que la derecha española ha girado hacia el nacionalismo reaccionario y constituye una amenaza para las bases de la democracia. Entiende indispensable la movilización de la sociedad civil y la militancia comunista para cortarles el paso. La izquierda, como no, es el útltimo eslabón para salvar la democracia. Lo llevan en su ADN criminal.

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“La ultraderecha y la ultra-ultraderecha están amenazando las bases constitutivas de la democracia. Y no basta el Gobierno para resistir esa amenaza. Nosotros no podemos ocuparnos de todo; hace falta que la sociedad civil se organice”. Una clarísima declaración de intenciones.

"Hace falta que los militantes de Unidas Podemos y también los del PSOE se organicen en los barrios, en las ciudades y pueblos de nuestra patria para defender la democracia, hace falta que los estudiantes salgan a defender la educación pública, que los pensionistas salgan a defender a las pensiones, que los profesionales de la sanidad salgan a defender la sanidad pública…”.

'El comunismo trajo la democracia'

Esa lucha democrática la vinculó con la memoria democrática del comunismo español, encarnada en personas como Marcos Ana: “Defender la memoria democrática, como decía Alberto [Garzón, ministro de Consumo, que también participó en el acto de homenaje], no es defender el recuerdo, es defender las bases para construir el futuro: Es un deber patriótico defender a los héroes y las heroínas que se jugaron la vida y la libertad por la justicia social y por traernos la democracia”.

Iglesias, hablando en nombre del Gobierno, quiso que la celebración del centenario del poeta salmantino Fernando Macarro Castillo (verdadero nombre de Marcos Ana), que estuvo 30 años en prisión encarcelado por el régimen franquista, fuera también una restitución de la memoria del comunismo español.

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“Los comunistas también merecemos un respeto. Cometimos errores, pero los cometimos luchando, quizá bastantes porque luchamos mucho y ni un solo día nos sentamos a la puerta de nuestra tienda para ver pasar el cadáver de nuestros enemigos. Nadie puede olvidar –sin olvidar tampoco y respetar la lucha y el sacrificio de los demás– los miles de años que los comunistas dejamos en las cárceles y los cientos y cientos de camaradas fusilados en la lucha por la libertad. Es una realidad histórica incuestionable. Merecemos ese reconocimiento y deberían tener cierto rubor los que se apuntan a un anticomunismo oportunista y comercial que parece estar de moda. Se puede discrepar de nuestras ideas, o cambiarlas por otras, es un derecho legítimo y democrático que yo también aplico para reconocer y superar mis errores. Pero una cosa es no estar de acuerdo con los comunistas y otra bien distinta es la cultura o la enfermedad del anticomunismo.

Además, las ideas del comunismo, tan malversadas hoy, siguen siendo esencialmente justas y permanecen porque su noble utopía está por encima de las equivocaciones de los hombres, de los partidos, de sus errores y de los Estados que las desnaturalizaron y ensombrecieron la esperanza de una gran parte de Humanidad".

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