La vida de lujo en la cárcel de Salah Abdeslam, el terrorista yihadista de París

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Salah Abdeslam, el único de los autores materiales de los atentados de París de noviembre que quedó con vida, permanece encarcelado en la prisión de Fleury Mérogis (Essone) desde que hace dos meses fuera entregado por la Justicia belga a las autoridades francesas, tras pasar más de cuatro meses en busca y captura.

Allí, en la tercera planta del edificio D3 (en una zona especialmente vacía para él), disfruta de una celda transformada en sala de deportes personal. Se levanta alrededor de las once y pasa su tiempo rezando, leyendo el Corán, viendo programas de televisión durante horas y preparándose su comida. Abdeslam está en una situación de aislamiento total, y tiene prohibido hablar con ninguno de los otros prisioneros.

Para respetar estas exigencias, la administración penitenciaria ha decidido reservarle una zona en la que pone a su disposición cuatro celdas: la que utiliza, otra reservada en caso de que la primera se degrade, una tercera que es usada como puesto de vigilancia desde donde es controlado las 24 horas del día a través de cámaras de seguridad, y una cuarta acondicionada en sala de deportes.

Estos detalles sobre las condiciones de internamiento del que hoy en día es el enemigo público número uno en Francia las ha descubierto el diputado republicano Thierry Solère durante una visita que realizó la semana pasada al recinto penitenciario, tal y como lo permite la ley a los diputados para poder observar la situación de los detenidos.

Solère ha escrito una carta airada al ministro de Justicia, Jean-Jacques Urvoas, para pedirle explicaciones sobre «las razones y motivaciones que han llevado al ministerio» a transformar una celda en sala de deportes y, más aún, tras saber «que su uso está exclusivamente reservado a este individuo».

Para Solère es inadmisible que se le dé este trato al terrorista cuando el resto de prisioneros no puede hacer deporte todos los días e incluso algunos ni siquiera tienen cama y se tienen que contentar con dormir sobre un colchón en el suelo.

Esta cárcel está diseñada para 3.036 detenidos, pero su población es netamente superior. El nivel de superpoblación alcanzado hoy en Fleury Mérogis es de «190%, un record sin igual», se lamenta el diputado republicano. En la actualidad viven 4.521 prisioneros, entre ellos 109 encarcelados por hechos terroristas.

Según el «Journal du Dimanche», que acompañó a Solère durante la visita, la directora de seguridad del centro, Laure Haccoun, les dijo que si Abdeslam saliera al patio con el resto de prisioneros su vida correría peligro. «Aquí hay al menos un detenido cuya hermana murió en las terrazas», declaró, haciendo referencia a un escenarios de los atentados. Recordó que, al llegar de Bélgica, se organizó «una gran bronca», mezcla de aplausos y silbidos, «más silbidos que aplausos».

En la celda de Abdeslam hay seis cámaras que registran todos sus movimientos, incluso para saber qué, cómo, o qué está leyendo. «Le vigilamos para intervenir rápidamente si vemos que quiere suicidarse», le explicó el vigilante. «Le hemos quitado la única posibilidad que podría tener, la de quitarse la vida». El comportamiento del prisionero ha cambiado en las últimas semanas. Antes era educado, pero ahora ya no habla.

 


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