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La mujer rumana de Puigdemont: 'España no es una democracia'

marcela topor puigdemont

A la rumana Marcela Topor no le gusta España. Casi menos incluso que a su marido, el expresident de la Generalitat, hoy prófugo de la justicia, Carles Puigdemont.

Periodista de profesión, y enchufada en la televisión de la Diputación, dirigió durante meses un periódico indepe sufragado con dinero público. Pero es por sus méritos académicos y por su valor profesional. ¡Qué nadie piense mal!

Ahora, ha concedido una extensa entrevista al digital Vilaweb, otro portal independentista que funciona a golpe de subvención, en el que ha hablado del miedo que pasó el 1-O, el día del famoso referéndum de autodeterminación que convocó su esposo saltándose todas las leyes y la Constitución. Pero los fachas son los policías, y España, una dictadura.

"No había sentido esa sensación tan fuerte. Vas hacia votar y te dicen: no puedes bajar porque hay furgonetas de la Guardia Civil que han roto cristales del pabellón y la gente está muy asustada. Y hacia Sarrià de Ter. Perseguidos por un helicóptero", explica

"Ir en coche y ver un helicóptero a pocos metros de tu cabeza es algo indescriptible. Casi no encuentras ni las palabras para explicarlo. Yo vi caer la dictadura comunista cuando tenía catorce años. En 1989, cuando a Ceausescu le pasó lo que le pasó. Navidad. Y Carles, cuando murió Franco, tenía más o menos la misma edad que yo cuando murió Ceausescu. Para mí comenzaba una nueva etapa con la caída de Berlín. Y esto lo tenemos en común. Y marca mucho", añade.

"Cuando vi aquel helicóptero y las imágenes de la gente, y el pánico en la cara, y las porras de la policía destrozando ... ¿Cómo te quedas? Petrificado. Congelado. Primero no reaccionas. Yo había vivido en una dictadura, pero no había tenido miedo. el miedo lo tuve entonces. Cuando yo era pequeña no había recibido de manera directa. Sufría como todo el país, pero no de manera personal. Y aquí, sí. Es muy duro", se sincera.

Topor recuerda que "tienes a un helicóptero que te persigue con el objetivo clarísimo de no dejarte votar. En ese momento es cuando dices: yo creía que vivíamos en un país libre. Y en democracia. Y ves que no. No es verdad. Vivimos una ficción. Una realidad que nos habíamos creído. Una realidad falsa. ¿Dónde hemos estado viviendo todo este tiempo? ¿Cómo puede ser que pase esto, y de esta manera? Tuve una decepción muy grande. Mucho. Se rompieron muchos esquemas, aquel día".

También reivindica que Puigdemont se fuera porque "sin el exilio no estaríamos aquí. Serían todos cerrados y olvidados. Ellos lo querrían. Pero el exilio les ha roto los esquemas, en este sentido. Políticamente el exilio les ha hecho mucho daño, y a nosotros mucho bien. Nosotros pensábamos que el mundo sabía muchas cosas de Cataluña. Y no. Es con el exilio que se descubre".

"Esta también es una parte buena. Y en tercer lugar ha destapado la situación de España. Mucha gente pone en duda, ahora, que España sea una democracia. ¿Qué tipo de Estado es? ¿Hay libertad de expresión? ¿Por qué se exilió Valtònyc? ¿O Adri? ¿Han dejado sus familias. Lo han dejado todo. ¿Qué les espera aquí? ¿Prisión? ¿Son criminales, son corruptos? Por tanto, ahora el mundo sabe la situación política".

Igualmente considera que "ahora no podemos hacernos atrás. Sólo podemos ir adelante y con convicción. Siempre hemos sido pacíficos, no violentos, y luchamos por la libertad. Votar es un derecho básico. ¿En qué mundo vivimos? ¿Queremos que nuestros hijos vivan sin libertad de expresión? Yo no quiero que mis hijas vivan con ese miedo".

"Yo viví esto hasta los catorce años. Teníamos miedo de hablar. Tu vecino te podía delatar. No se sabía quién podía ser de la Securitate. Había gente por todas partes. Pues ahora mis hijas tienen pánico cuando ven una furgoneta de la Guardia Civil. Un día iba conduciendo y detrás nuestro apareció un coche de la Guardia Civil. Pánico en las caras de mis hijas. Pánico. No las había visto nunca con tanto miedo. ¿Es normal esto? No".

Evidentemente que no es normal, Marcela. Igual que no es normal que la escuela catalana margine el español, la lengua de todos, o que enseñen una historia tergiversada y absolutamente manipulada. O que los independentistas controlen todos los medios de comunicación públicos. Y que se señale y margine al disidente. Y que la única libertad de expresión, sea la suya. Tiene razón la señora de Puigdemont. ¿En qué país vivimos?

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