De Caperucita a La Bella Durmiente: los cuentos prohibidos del feminazismo

abascal caperucita

“Caperucita se seguirá comprando dentro de 100 años e incluso si desaparecen los lobos”.

Así de contundente fue el candidato a la presidencia del Gobierno de VOX el pasado jueves, en el último acto de precampaña electoral, celebrado en Toledo. El líder de la España Viva realizó un repaso a los lobbies del panorama nacional que sacan pegas a nuestros cuentos de toda la vida: el feminismo supremacista se preocupará porque es la niña la que hace recados, o el cazador es un hombre y encima ayuda a la abuela, en lugar de haberla enviado a una residencia. Por su parte, los animalistas se molestarán porque el lobo feroz es el malo. ¿Hasta dónde llegará el adoctrinamiento de lo absurdo en nuestro país? Existen pruebas más que fehacientes de que el 1984 orwelliano es ya hoy una realidad.

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De menor a mayor gravedad, y por citar tan sólo unos ejemplos, la educación que reciben nuestros hijos varía en función de la Comunidad Autónoma de residencia (sí, la prueba de acceso a las universidades presenta una dificultad distinta en función de la región donde el examen sea realizado). Por otro lado y en absoluta colisión con la figura de la “patria potestad” que heredamos del derecho romano, los menores pueden denunciar a sus propios padres (que levante la mano aquel que teniendo una pataleta de pequeño, aprendió a no volver a liarla gracias a una pequeña bofetada).

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En el siglo XXI tenemos ya nuestro pseudo Ministerio de la Verdad: no seguirá adelante todo proyecto legislativo que no venga acompañado de un “informe de impacto de género”, o lo que es lo mismo, otro documento más a cuenta del erario público con efectividad cuestionable sobre la lucha contra la desigualdad que, por ejemplo, un planeamiento urbanístico pudiera generar sobre la población de sexo femenino. Absurdo a ojos de cualquier persona, ¿verdad? Quizás ahora nos cuadre por qué sólo los partidos progres siguen apoyando subidas de impuestos que supuestamente sólo afectan a los ricos (que nadie se engañe, esas subidas afectan a la clase media, o lo que es lo mismo, a la mayoría de nuestra población trabajadora).

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Este feminazismo que lucha contra el supuesto sistema patriarcal que siempre ha existido (seguro no leyeron los textos de nuestro historiador Estrabón sobre el sistema matriarcal que hace siglos se configuró al norte de nuestra Península) comienza allí donde el ser humano se encuentra más desprotegido: en las escuelas o, lo que es peor, en el vientre de sus madres. Que nadie se extrañe si le cuesta encontrar La Bella Durmiente, La Caperucita Roja o La Leyenda de San Jorge en las bibliotecas públicas, pues como ya denunciamos desde MEDITERRÁNEO DIGITAL, en algunas regiones de nuestro país ya han desaparecido.

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Quizás el próximo 28-A se configure un nuevo parlamento que se atreva a poner fin a las normas que luchan contra el sentido común. Mientras tanto y, pese a que se nos tache de fake news, seguiremos desde el Cuarto Poder luchando por la Verdad. Aunque les duela (y pasemos más tiempo en los tribunales que en las redacciones) a feminazis, progres y demás colectivos, cuya existencia se sustenta en los impuestos pagados por la clase verdaderamente trabajadora.

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