Austria derribará la casa de Hitler: ¿es eso lo que más preocupa a los europeos?

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Austria ha dado este 17 de octubre un paso simbólico para borrar su pasado. Tras años de controversia y de batallas legales, el ejecutivo de Viena ha asegurado que destruirá la casa en la que creció Adolf Hitler, situada en la plácida localidad fronteriza de Braunau am Inn.

"Derribaremos la casa de Hitler. Los cimientos podrán conservarse pero levantaremos un nuevo edificio", ha asegurado el ministro del Interior austríaco Wolfgang Sobotka al diario Die Presse.

De esta manera Austria pone punto y final a más de 44 años en los que el gobierno ha intentado buscar salidas alternativas aceptables al inmueble que vio nacer el 20 de abril de 1889 al Führer del III Reich.

Hasta el año 2011 el centro había sido utilizado para albergar talleres en los que trabajaban personas discapacitadas y con problemas mentales pero desde entonces el edificio se quedó vacío. Eso lanzó a nostálgicos del nazismo a irrumpir cada 20 de abril en este pequeño pueblo para celebrar el aniversario de su líder.

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Viena ha tenido que lidiar legalmente con su propietaria, Gerlinde Pommer, una mujer austriaca retirada que, en los últimos años, había sacado un considerable rédito económico al edificio.

Desde 1972, el Ministerio del Interior alquiló y subarrendó a la localidad de Braunau am Inn este inmueble por un precio de 4.800 euros al mes. Desde el 2011 el gobierno gastó unos 240.000 euros en unas instalaciones vacías y convertidas en referencia involuntaria de una reunión anual de neonazis.

El Gobierno austriaco 'expropia' la casa a su propietaria

Durante años el Gobierno austríaco intentó comprar la propiedad para poder determinar libremente el futuro de las cuatro paredes en las que creció Hitler, ahora un antiguo edificio de tintes amarillentos y blanco. Pommer rehusó todas las propuestas.

Ante la constante negativa de la mujer el ejecutivo, presidido por el socialdemócrata Christian Kern, puso en marcha un proyecto de ley para poder expropiarle el terreno sin darle derecho a recurrir a los tribunales o a solicitar una compensación que aún debe ser aprobada en el parlamento.

La comisión formada por 12 expertos de la política y la administración pública, profesores y miembros de la sociedad civil a la que se asignó determinar el futuro del edificio dio luz verde a su destrucción. La decisión final sobre la expropiación aún está en el aire.

"Es una decisión necesaria para evitar que la casa se convierta en un sitio de culto o en un memorial para los neonazis", aseguró Sobotka el pasado julio en el semanario alemán Spiegel, cuando se propuso la idea de expropiar el inmueble a Pommer, al más puro estilo soviético.

Con el país invadido por refugiados y la amenaza islámica llamando a las puertas de Europa, seguro que la casa de Hitler es lo que más preocupa a los austriacos. Cosas de la democracia.

 


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