El Frente Nacional se llamará Reagrupamiento Nacional

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Nuevo nombre, misma identidad. Marine Le Pen propuso este domingo rebautizar al partido identitario francés como Rassembement national, o Reagrupamiento Nacional. Los militantes deberán ratificar la propuesta en un voto por correo.

Le Pen, en dificultades desde que en mayo de 2017 perdió la elección presidencial ante Emmanuel Macron pero animada por los avances de los patriotas en Italia y otros países europeos, planteó el cambio nombre al final de un discurso de reafirmación de las esencias del Frente Nacional y el rechazo a lo que llamó "los nómadas", denominación que incluye a inmigrantes, capitalistas, europeístas y, por supuesto, al presidente Macron.

Según publica en su crónica el diario El País, Marine Le Pen fue reelegida presidenta del Frente Nacional. Sin sorpresa, el cargo de presidente honorífico, que ocupaba su padre, Jean-Marie Le Pen, fue eliminado. El viejo líder ultra, enemistado con su hija y ya oficialmente expulsado como militante en 2015, queda totalmente fuera del partido que él fundó en los años setenta. Hasta aquí, nada imprevisible

La incógnita del XVI Congreso del FN en la ciudad de Lille, en el norte de Francia, la desveló Marine Le Pen en el discurso de clausura, por la tarde: el nuevo nombre para una formación que recoge millones de votos en Francia pero que nunca ha alcanzado el poder.

Rassembement National (Reagrupamiento Nacional) mantiene el adjetivo nacional del viejo Frente. A la vez le suma el de Rassembement, que tiene ecos gaullistas y republicanos, puesto que Rassembement du peuple français (Reagrupamiento de pueblo francés) era el nombre del partido que el general De Gaulle creó tras la guerra, y Rassemblement pour la République (Reagrupamiento para la República) el del partido del presidente neogaullista Jacques Chirac. El nombre combina la identidad profunda del FN, el nacionalismo francés, con un mito muy francés, el de la unión de todo el pueblo, más allá de las divisiones partidistas.

"Originariamente fuimos un partido de protesta", dijo Le Pen en su discurso para justificar el cambio. "Después lo fuimos de oposición. Ahora no debe haber duda de que queremos ser un partido de gobierno". Y para lograrlo, añadió, son imprescindibles las alianzas que rompan el habitual cerco del todos contra el FN. "Ganar sin alianzas es arduo", dijo.

Le Pen hija planteaba el congreso de Lille como el de la refundación: el que permita sentar las bases para transformar un partido de masas pero estigmatizado —arrinconado en la esquina de las ideologías infrecuentables y contrarias a los valores republicanos— y lograr hacerlo frecuentable. Es decir, capaz de aliarse con otros partidos —o, como mínimo, atraer a sus votantes— y aspirar de verdad al poder.

El congreso es el resultado de un proceso que empezó tras la derrota de Le Pen ante Macron. Le Pen se clasificó para la segunda vuelta y obtuvo más de diez millones de votos, un resultado que refleja la potente implantación en el territorio francés. Pero de nuevo se quedó a las puertas del poder, con un 34% de votos, frente al 66% de su rival centrista.

Su pésima prestación en el debate electoral ante Macron dejó maltrecha su imagen como gobernante potencial, y errores estratégicos como la propuesta de una salida rápida del euro y eventualmente de la UE asustaron a muchos votantes potenciales. El partido abrió entonces una reflexión que incluyó un cuestionario entre sus 51.000 militantes. Todo, encaminado a la refundación.

Un 52% de los sondeados se mostraron favorables al cambio de nombre, una mayoría exigua que evidencia el apego de la militancia a las señas de identidad. Un 90% votaron a favor de un referéndum para salir de la UE, pero un 73% consideraron que la salida del euro no era prioritaria.

Un 100% de los cerca de 1.500 delegados en Lille votaron por la reelección de Marine Le Pen en la presidencia del FN. Era la única candidata. Cerca de un 80% votaron a favor de cambiar los estatutos, medida que incluye la supresión de la presidencia de honor, es decir, la exclusión definitiva de Jean-Marie Le Pen.

Le Pen padre ya llevaba años alejado del FN. El mayor símbolo de la refundación es el cambio de nombre. En las próximas semanas los militantes deben aprobar o rechazar el nombre que Le Pen hija anunció en Lille.

La duda es si cambiar el nombre basta. Porque este es un partido irremediablemente asociado con una ideología y con dos nombres. Es posible que la ideología se dulcifique en comparación con los tiempos del padre, pero cuestiones como la inmigración —el tema que propulsó al FN en los años ochenta— siguen siendo centrales. El éxito del discurso de Steve Bannon, el ideólogo del trumpismo, en la sesión del sábado, y la radicalidad del discurso de Le Pen el domingon señalan, más que a un giro centrista, a un regreso a las señas de identidad originales. "Nosotros vamos en el sentido de la Historia", dijo, retomando la frase de Bannon el día anterior: "La historia está de nuestro lado".

Tampoco es fácil deshacerse de los nombres. El primero, Frente Nacional, pronto será historia, sí. El otro nombre es Le Pen, y este, sea quien sea el Le Pen que lo dirija, seguirá siendo el partido ligado la familia que la fundó.


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