Felipe VI explota contra Francesc Homs: el Rey avisa a la Generalitat que 'esto se acabó'

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Fueron 80 minutos, pero bien podría haber durado tres horas. El Rey tenía munición de sobra para descerrajar sobre un cariacontecido Francesc Homs, quien todavía hoy tiene dificultades para interpretar lo ocurrido el pasado miércoles.

El líder y portavoz de la antigua Convergència (CDC), hoy Democràcia i Llibertad (DiL), arrancó la audiencia expresando su malestar por la decisión del Monarca de no haber recibido a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, para que le comunicara la investidura de Carles Puigdemont, pero acto seguido, antes de que el nacionalista pudiera recuperar el resuello, Felipe VI contraatacó con un torrente de reproches. Jamás lo hubiera imaginado.

Felipe VI vino a decirle que esto se acababa, que no iba a permitir más vivas a la República ni más desplantes a la Jefatura del Estado, que el hipotético desaire a Forcadell suponía una nadería comparado con la humillación constante a su persona en Cataluña amparada por las autoridades de la Generalitat. Según relata el propio portavoz de DiL a sus próximos, el Rey no dio pie a concesión alguna. Le esperaba con la lección bien aprendida y una lista de alusiones 'ad hominem'. Le recordó encuentros pasados y conversaciones hoy traicionadas. Tenía detalles, fechas, nombres... Apenas le dejaba un hueco para escabullirse. A Quico Homs se le quedó cara de 'sparring' de 'Rocky Balboa' tras la reunión con el Monarca.

Felipe VI abandonó su habitual tono protocolario para recibir al líder nacionalista. Son por todos conocidas las limitaciones con que la Carta Magna encorseta su figura, tal y como se encargó de recordar en su discurso de 19 de junio de 2014, día de la proclamación, cuando dijo que "yo soy un Rey constitucional", pero también sería ingenuo ignorar lo mucho que se juega en este envite. Igual que está obligado a cumplir su mandato legal, que no es otro que facilitar la elección del presidente del Gobierno, igual de cierto es que en cualquier momento se puede ver obligado a proponer a un candidato a la investidura condicionado por los nacionalistas y débil para frenar la escalada secesionista impulsada desde el Palacio de la Generalitat.

El Rey está necesitado de expresar con símbolos lo que la Constitución le impide encarar factualmente. Como recordaba José Antonio Zarzalejos, los gestos del jefe del Estado deben de ser coherentes "con el comportamiento tanto de la presidenta del Parlament como del de la Generalitat, el actual y el anterior, y lo son también con el rigor y severidad que el Rey debe mostrar en un conflicto que afecta al núcleo duro de su función simbólica".

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