Puigdemont hará una DUI en diferido desde el Parlament de Cataluña

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Vivimos momentos de trascendencia histórica en Cataluña. Desde la convocatoria del referéndum del 1 de octubre, el devenir de los acontecimientos nos ha llevado a la recta final de un 'procés' que ha copado los últimos 7 años de la vida política catalana.

Tras la celebración de la consulta de autodeterminación, con el anuncio del president Puigdemont, a través de sus dos mensajes institucionales, de declarar la independencia "en unos días", se ha abierto la caja de pandora y se han disparado todas las alarmas. La posibilidad de llegar a una solución negociada ha saltado definitivamente por los aires. 

La fuga de bancos y empresas en Cataluña se ha desatado de una manera inimaginable. Banco Sabadell, La Caixa, incluso Aguas de Barcelona (Agbar) han cambiado su sede social en apenas 24 horas, en una huida express desbocada y sin precedentes.

La antigua Convergència, hoy llamada PDeCAT, defendió históricamente e hizo bandera de un nacionalismo moderado. El alabado 'sentido de Estado'. Su objetivo era buscar mejoras y logar concesiones en forma de competencias del Gobierno central. El intercambio de cromos que el propio Pujol definió acertadamente como 'la puta i la Ramoneta', o el más castizo 'jugar al ratón y al gato'. Transferencia y financiación a cambio de votos. Daños colaterales del perverso sistema parlamentario español, donde los partidos regionales acaban teniendo la llave de la gobernabilidad en España.

Desde que en 2012, en plena crisis económica, el PP de Rajoy rechazó la propuesta de Artur Mas para establecer en Cataluña el mismo modelo fiscal que en el País Vasco, todo se rompió. Eso, sumando a los casos de corrupción que empezaron a dinamitar el partido, con el 'clan Pujol' y el 3% a la cabeza, acabaron por dinamitar con todos los puentes. Ya nada volvería a ser igual.

Convergencia rompió con Unió, su histórico aliado, se transformó en el PDeCAT y mandó a la papelera de la historia el denominado 'nacionalismo moderado'. El maquiavélico resultado de las elecciones de 2015, cuando quedaron en mano de los antisistema de la CUP, hizo el resto.

El abismo de la DUI

Ahora que han llegado al fina, y comienzan a vislumbrar el abismo, los nervios empiezan a aparecer en el seno de la antigua Convergència, que ha sido históricamente el partido de la burguesía catalana, de los empresarios.

El martes 10 de octubre Carles Puigdemont ha convocado un Pleno extraordinario en el Parlament, donde ya ha anunciado su intención de "aplicar la Ley y los resultados del referéndum del 1 de Octubre". Una Ley que ya ha sido suspendida por el Tribunal Constitucional y aprobada contra el criterio del propio Tribunal de Garantías de Cataluña, vulnerando a la oposición democrática y saltándose incluso su propio Estatut.Un pucherazo antidemocrático sin precedentes.

¿Hará Puigdemont una declaración de independencia unilateral?

Por una parte, están los radicales de ERC y sobre todo la CUP, y por otro los sectores de peso del PDeCAT, que empieza a tener sudores fríos de pensar en la temida DUI. Un salto al vacío sin red. Los primeros creen que hay que proclamar la independencia a las bravas, de facto, con todas las consecuencias. Mientras que los antiguos convergentes empiezan a emular a Dolores de Cospedal y pensar en una 'independencia en diferido'.

¿Cómo sería una DUI en diferido?

A plazos, simplemente. En lugar de romper con el Estado de golpe, el PDeCAT aboga por ir poco a poco para ganar tiempo. Propondrán dar un plazo de seis meses hasta ser totalmente independientes. Una especie de proclamación de independencia retórica, sin efectos reales a nivel legislativo. Solo anuncian que son soberanos, pero sin aplicarlo inmediatamente en el mundo real.

El propio Artur Mas, 'alma mater' del procés y expresidente de la Generalitat, abrió la puerta hace unos días en una polémica, y después matizada entrevista con el diario británico Financial Times, en la que aseguraba que Cataluña todavía no estaba preparada para la independencia.

Ganando tiempo, esperan lograr el milagro de lograr uno de los grandes mantras del independentismo: que la comunidad internacional proponga una mediación o se ponga directamente de su lado. Una quimera harto difícil vista la respuesta democrática al referéndum del 1 de octubre, donde todos los países y organizaciones supranacionales se han puesto del lado de España y el Estado de Derecho.

Lo que se prevé que suceda, si es que los sectores más conservadores del PDeCAT se salen con la suya, es que Puigdemont declare la independencia sin efectos jurídicos. Solo abriría el camino hacia un proceso constituyente, con participación de la sociedad civil para redactar una constitución. Que tendría que ser refrendada en las urnas mediante elecciones.

Este camino que ya han dejado entrever desde el PDeCAT no gusta nada a sus socios de ERC, ni a los de la CUP, ni a Ómnium Cultural, ni a la Asamblea Nacional Catalana. Y posiblemente tampoco a sus votantes. Todos ellos quieren ir por la fuerza y declarar la independencia de facto, no en diferido. Romper definitivamente con España. Sean cual sean las consecuencias de una DUI unilateral. Un salto al vacío y sin red. Entramos en un terreno inexplorado. 


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