Ayuso monta un laboratorio de salud para que los jóvenes madrileños no beban garrafón

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El laboratorio de Madrid Salud vela por los consumidores analizando las bebidas que se sirven en la capital. Inspectores municipales visitan por sorpresa los locales de hostelería para detectar fraudes. También controla alimentos y aguas y hace los análisis de miles de muestras de estupefacientes

Un viernes por la noche. En cualquiera de los 19.300 bares y restaurantes que hay en la capital. Un inspector municipal se presenta discretamente en el local, muestra sus credenciales y pide hablar con el encargado. Se fija, por ejemplo, en una botella de whisky que ya está abierta y recoge tres muestras (lo que marca el protocolo). Ya sea porque ha recibido una denuncia previa o porque el negocio ha sido elegido aleatoriamente, el líquido seleccionado acaba en uno de los laboratorios más modernos de España, el que el ente público Madrid Salud, dependiente del Ayuntamiento, tiene en el distrito de Hortaleza.

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Sí. El Consistorio controla si los madrileños toman garrafón o no cuando salen de copas o a cenar y comer. Y los resultados no pueden ser más tranquilizadores. “En Madrid no hay garrafón. No es una práctica nada habitual en la hostelería”, señala Ana Pérez Fuentes, doctora en veterinaria, licenciada en Derecho y subdirectora general de Salud Pública. El año pasado, por ejemplo, el Laboratorio de Salud Pública del Ayuntamiento realizó 157 análisis a bebidas alcohólicas, de los que 127 fueron a bebidas espirituosas (ginebra, ron, vodka, whisky, tequila y aguardientes), 15 a vinos, diez a cervezas y cinco a sidras.

“Con estos análisis se buscan posibles adulteraciones de las bebidas, si estas se rebajan con otras mezclas o agua, y si cumplen la graduación que deberían tener. Lo positivo es que la inmensa mayoría de los resultados fueron conformes, es decir, cumplían con la normativa”, explica Pilar Jiménez Navarro, responsable del laboratorio, que aclara que los fraudes se suelen dar en marcas de gama alta, que no cumplen con lo fijado por reglamento para bebidas tan caras. “Pero son casos puntuales”. No llegan al 1%. Para analizar un ron o una ginebra, el laboratorio pide el patrón (la composición) al fabricante para poder concretar con gran exactitud si al consumidor le están dando gato por liebre.

El Ayuntamiento cuenta con 143 inspectores, 105 que dependen de las Juntas de Distrito, para presentarse cuando sea necesario en los pubs, bares, restaurantes y discotecas que hay en la capital. En la mayoría de los casos suelen ser inspecciones al azar, pero algunas veces actúan ante la denuncia de algún consumidor. Hay casos en los que solo se recogen muestras y otras en las que se decomisa la botella entera, si ha sido preciso aportarla durante la inspección. En estos casos se observa la forma y tamaño del envase, así como el precinto legal, las etiquetas y leyendas, los cierres, tapones dosificadores y cuantas señales exteriores puedan aportar pistas de manipulación de la botella original.

El análisis de la bebida es el segundo paso y determina una serie de parámetros físico-químicos con una doble finalidad: comprobar si la muestra es apta o no para el consumo, es decir, si es conforme con los requisitos mínimos de composición y calidad exigibles por la normativa europea para un tipo de bebida en cuestión. Mediante estos ensayos se verifica si el grado alcohólico y su contenido en metanol son los adecuados. Luego se verifica la autenticidad de la muestra, es decir, comparar si los distintos componentes y las concentraciones que están presentes en la muestra coinciden con los del patrón genuino.

Si el resultado de los análisis confirma que una muestra no es genuina (no corresponde a la supuesta marca comercial) se instruye el correspondiente expediente sancionador, dando la opción al responsable del producto a que realice un análisis contradictorio con la muestra dejada en su poder (por eso se toman tres muestras). La confirmación de resultados lleva aparejada una sanción económica para el que ha manipulado la bebida, siempre que sea apta para el consumo. En el caso de bebidas alcohólicas en las que haya habido adición o adulteración con sustancias que entrañen riesgo para la salud y hayan sido calificadas como “no aptas para consumo”, la infracción conllevaría la adopción de medidas adicionales (intervención cautelar, retirada del mercado, sanción económica), sin descartar la posibilidad de actuaciones penales.

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El Laboratorio de Salud Pública se ha ganado tal prestigio que desde el año 2009 es, además, el único centro autorizado por el Consejo Regulador de Tequila (que se encarga de salvaguardar la denominación de origen de esta bebida) para analizar muestras que se consumen por toda Europa. Es decir, para comprobar si el tequila mexicano que se bebe en Madrid, Roma o París tiene la calidad que debe tener. El Consejo paga unas tasas en función de las bebidas analizadas, lo que conlleva unos ingresos extras para la ciudad de Madrid.

Fuente original: Infobae

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Autor: Mediterráneo DigitalWebsite: https://www.mediterraneodigital.com/
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