Puigdemont, el breve: el President se someterá a una cuestión de confianza

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Junts pel Sí advirtió a la CUP de que su veto a los presupuestos del Govern tendría "consecuencias". Y ya las hay. Después de materializarse el fiasco de las primeras cuentas del nuevo Govern, Carles Puigdemont ha anunciado ante la cámara que va a someterse a una "cuestión de confianza" en el Parlament.

Se trata de un instrumento parlamentario extraordinario para ratificar ante los diputados la legitimidad de su figura, su Govern y su programa. En caso de no superar la votación, supondría su dimisión y habría que escoger un nuevo presidente. El líder catalán ha explicado que piensa someterse a la cuestión el próximo mes de septiembre.

Antes de la votación de las enmiendas a la totalidad, Puigdemont ha reunido al Govern, los diputados y técnicos en la sala de grupos del Parlament para explicarles sus planes. Una opción política de alta contundencia al entender que el veto a los presupuestos de la CUP obliga a modificar la hoja de ruta acordada después de la investidura.

En un discurso especialmente duro con la CUP, Puigdemont ha asegurado "constatar con tristeza y decepción" la gravedad de la situación. Ha considerado "desleales" a los cuperos y ha admitido que no tiene "garantía de estabilidad".

"Constatamos con tristeza y decepción que un grupo que gana las elecciones con 62 escaños puede retirar su candidato a la Presidència en aras del cumplimiento de un mandato y un grupo con 10 diputados no puede retirar una enmienda a la totalidad a los Presupuestos, no hay proporcionalidad ni lógica ni lealtad", ha subrayado.

De hecho, con esta decisión Puigdemont recoge la idea lanzada en noviembre del año pasado por el entonces candidato a renovar la presidencia de la Generalitat, Artur Mas, cuando durante el segundo debate de investidura fallido, puso sobre la mesa, en su intento de desencallar la situación con la CUP, someterse a una cuestión de confianza en diez meses para evaluar el trabajo hecho por su hipotética gestión al frente de un futuro gobierno. 

La primera 'cuestión de confianza' en la historia de Cataluña

La política catalana nos tiene acostumbrados estos últimos años a que se produzcan situaciones inéditas en la actual democracia. Pero faltaba una cuestión de confianza, herramienta parlamentaria que todavía no se había empleado en la cámara catalana desde su primera sesión allá por 1980. El anuncio del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, supone el uso de un instrumento previsto por la mayoría de democracias, pero aquí todavía por estrenar.

¿De qué se trata? En el marco del control parlamentario, es un instrumento a disposición de cualquier jefe de Ejecutivo que se activa en situaciones de especial debilidad del gabinete. A través de la cuestión, el presidente pide así el expreso respaldo del Parlament ya sea a una política concreta o a un programa de gobierno en su conjunto. Se trata pues de una medida excepcional, por la que en caso de que el presidente perdiera la votación, lo habitual es que se produzca su dimisión y se proceda o a elegir a un sustituto en la cámara o se vaya directamente a una nueva convocatoria electoral.

La cuestión de confianza está prevista en la Constitución (Artículo 112), el Estatut (Artículo 67) y, en concreto, regulada por el artículo 44 de la ley de la Presidència de la Generalitat i del Govern. El president debe deliberar previamente su decisión con el Govern. Puede someterse a la moción sobre su programa, sobre una declaración de política general o sobre una decisión de transcendencia excepcional.

Según el reglamento de la cámara, la cuestión de confianza debe presentarse a través de un escrito del Govern que, una vez se admite a trámite por la Mesa, la presidencia acuerda con los portavoces el pleno en el que va a levarse a cabo la deliberación y finalmente la votación. Ésta deberá hacerse como mínimo 24 horas después de haberse presentado la cuestión.

Se considera que el presidente gana la votación si obtiene la mayoría simple de los votos emitidos. Se entiende pues que ha recibido la confianza del Parlament para seguir en su mandato. De lo contrario, la cámara deberá elegir un nuevo presidente siguiendo el procedimiento habitual.

 


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