Desmontando el mito independentista: votar no siempre es sinónimo de democracia

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El concepto de elecciones lo asociamos de manera automática a la existencia de la democracia. Pero esto es un grave error. Puede haber elecciones en democracia y puede haber elecciones en una dictadura, por muy paradójico que pueda resultar.

Lo que garantiza la democracia es el Estado de Derecho, un concepto que a base de pronunciarse en los discursos políticos, se ha quedado vacío y hueco en cuanto al significado. Pero el Estado de Derecho es lo que marca la diferencia entre lo que es una democracia y lo que es una dictadura.

La función del Estado de Derecho es crear unos marcos legales y jurídicos a través de los cuales los ciudadanos sepan cuál va a ser el comportamiento, límites y funciones del Gobierno.

Es decir, si existe Estado de Derecho se garantiza a todos los ciudadanos unas normas básicas para salvaguardar la libertad individual. Por ejemplo, gracias a esta figura un ciudadano sabe que el Estado no va a poder expropiarle de sus bienes sin ningún motivo. De igual manera, se certifica y protege la existencia de la pluralidad política, la posibilidad de que todo el que quiera pueda crear su propio partido o tenga la libertad de afiliarse a una organización sin sufrir ningún tipo de discriminación.

Básicamente, aquello que asegura el Estado de Derecho es la libertad individual, que dependiendo de las políticas gubernamentales será mayor o menor. Pero, sobre todo, el ciudadano cuenta con armas legales y jurídicas para poder defenderse, incluso si considera que el Estado ha actuado de manera ilegal, tiene la posibilidad de querellarse contra él o denunciarlo. Existe separación de poderes.

Sin ese marco jurídico, no existe democracia, aunque haya elecciones. Y ese es precisamente uno de los grandes mantras que está consiguiendo extender el Gobierno catalán. Votar, no siempre es sinónimo de democracia.

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¿El Franquismo era una democracia porqué los españoles votaban?

En el marco político internacional actual, tenemos el caso flagrante de Venezuela. En este país sí hay elecciones, pero no hay democracia. Durante esta primavera, por ejemplo, el Tribunal Supremo de Justicia, con mayoría chavista, anuló las funciones del Parlamento, donde era mayoritaria la oposición.

Por tanto, que los ciudadanos voten cada cuatro años no significa que vivan en un sistema democrático. En el caso del nacionalismo catalán, se ha repetido hasta la saciedad que poner las urnas es sinónimo de democracia, cuando la democracia solo se alcanza cuando existe un marco legal; una ley suprema, en este caso la Constitución, que ellos mismos se saltan.

Para que podamos ver (todavía) más claro que las elecciones no son siempre sinónimo de democracia.

En España durante el Franquismo se realizaron dos referéndums, uno en 1947 para aprobar la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado; y otro en 1967, para hacerlo con la Ley Orgánica del Estado. Además, la participación de ambos referéndums fue muy superior a los posteriores. El primero logró un 89% de participación y el segundo un 88,8%. Mientras que el referéndum para ratificar la Constitución Española tuvo una participación del 67,11%. Sin embargo, a pesar de que hubiera votaciones, España vivía en una dictadura.

Sin ir más lejos, en Cuba, dictadura comunista, hay elecciones a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Cada cinco años se eligen a diputados y delegados provinciales. A pesar de ello, el país caribeño es una de las peores y más represoras dictaduras desde hace más de 50 años.


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