El Reino Unido retira la inmunidad al Rey Emérito y pide que sea juzgado por acoso a Corinna

Corinna Sayn-Wittgenstein ha logrado que el Tribunal Superior de Londres retire a Juan Carlos I la inmunidad legal y pueda ser juzgado en un tribunal británico tras la querella presentada por acoso extremo y vigilancia ilegal. A partir de ahora, el Rey Emérito, como reclamaba su ex compañera sentimental, podrá ser juzgado en el Reino Unido por los delitos cometidos tras su abdicación en junio de 2014 como cualquier ciudadano de a pie.

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El magistrado londinense Matthew Nicklin estima, tras la investigación judicial, que Juan Carlos I ha perdido los beneficios constitucionales de inviolabilidad que disfrutó durante su etapa como monarca y jefe del Estado. Durante la vista oral en el Tribunal Superior de Londres, el letrado del Rey Emérito Daniel Bethelehem, del despacho de Clifford Chance, defendió que su cliente conservaba su inmunidad en dos aspectos: su condición de «soberano» por su título de Rey Emérito y como miembro de la Casa Real de Felipe VI, junto a la Reina Letizia, las infantas y Doña Sofía.

La querella de Corinna acusa a Juan Carlos I de un acoso intensivo y someterla a una opresión y vigilancia por medio de funcionarios de los servicios secretos españoles. Según la princesa alemana, tras la ruptura sentimental y, sobre todo, tras el accidente de Botsuana en 2012, comenzaron los seguimientos y las amenazas. En un escrito durísimo aseguraba que el demandado había utilizado «a los agentes del Estado español y mercenarios para intimidarla a ella y sus hijos, influir negativamente en sus ex maridos, su hija, su hijo y muchos de sus amigos alegando que la demandante le había robado y no era de fiar». 

Juan Carlos I, según Corinna, la difamó ante sus clientes y socios comerciales; suministró, o hizo que se suministrara, a los medios de comunicación para su publicación información falsa en el sentido de que era deshonesta, había robado dinero, había abierto cuentas falsas con el fin de recibir comisiones y era una amenaza para la seguridad nacional de España. Además, propagaban la falsedad de que «estaba intentando chantajear a la Familia Real».

Durante las sesiones en el Tribunal Superior de Londres, el letrado Bethelehem insistió en que el Rey Emérito disfrutaba de inmunidad en función de la State Inmunity Act (Ley de Inmunidad de los Estados) del Reino Unido de 1978. Esa norma reza que los soberanos o jefes de Estado pueden beneficiarse la inmunidad tanto en actos públicos como privados. Ese disfrute abarcaría también a los miembros de la familia real que compartan una misma residencia, en el caso español La Zarzuela. Esa condición, como destaca el juez del Tribunal Superior, no la cumple en la actualidad el ex monarca que reside en la isla Zaya Nurai en Abu Dabi,

Por su parte, el abogado de Corinna, James Lewis, defendió que Juan Carlos I perdió sus privilegios de inmunidad tras su abdicación en junio de 2014 y su retirada de la vida pública cinco años después. El único monarca que conservaría la inmunidad ante los tribunales británicos sería Felipe VI. Sus argumentos coinciden con la propia visión de la Zarzuela.

Comunicado de Palacio

La Casa del Rey emitió un comunicado el 15 de marzo de 2020 en el que anunciaba que Juan Carlos I dejaba de «recibir la asignación» que tenía garantizada todos los años en los Presupuestos de la Casa de Su Majestad el Rey. Así mismo, reconocía otro argumento, que favorecía los intereses judiciales de la ex compañera sentimental de Juan Carlos I: «Tras su abdicación en junio de 2014, el 27 de mayo de 2019, anunció que en junio de ese año ponía fin a toda actividad institucional u oficial, retirándose completamente de la vida pública».

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La sentencia del Tribunal Superior de Londres llega en un momento delicado para Juan Carlos I que pretendía regresar a España antes del verano, al menos momentáneamente. El varapalo judicial británico puede retrasar su salida de Abu Dabi donde reside desde 2020. Se da la circunstancia de que el ex monarca ha contratado a otros dos letrados para su representación ante los tribunales británicos. A partir de ahora contará con cuatro abogados, lo que supone una mayor carga económica. El bufete londinense de Clifford Chance es uno de los más importantes del mundo, pero también uno de los más caros. Un ejemplo de transparencia debería llevar a Juan Carlos I a explicar cuál va a ser la procedencia del dinero para cubrir esos gastos judiciales.

La decisión del juez Mathew Nicklin se ha mantenido en secreto, bajo llave durante semanas, con fuertes medidas de seguridad y exigiendo a los letrados una total confidencialidad bajo la amenaza de un severo castigo. Las defensas de Juan Carlos I y Corinna conocían desde hace unos días el contenido de la sentencia, pero tenían permanentemente prohibido cualquier filtración, ni a sus propios clientes. Así funciona la Justicia en el Reino Unido.

El Rey Emérito pierde toda su inmunidad

Tras la victoria de Corinna, la causa por acoso extremo y vigilancia ilegal continuará en Londres con Juan Carlos I como un imputado sin privilegios dinásticos, situación que puede perjudicarle en el proceso abierto en Ginebra o, incluso, cualquier otro que pueda ser abierto.

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La demanda denunciaba a Juan Carlos I, entre otras acciones, por «someter a Corinna Sayn-Wittgenstein y sus asesores a una estrecha vigilancia en Londres y en otros lugares, de invadir la propiedad de la princesa alemana en Shropshire e interceptar/monitorizar ilegalmente sus cuentas móviles e Internet y las cuentas móviles e Internet de sus asesores».

Para Corinna, según el escrito de denuncia, toda esa presión se debía a que a Juan Carlos I le preocupaba que «ella pudiera revelar información sobre los negocios y asuntos privados del demandado a los medios de comunicación». Para impedirlo, le hicieron saber que si no mantenía silencio «se enfrentaría a consecuencias dañinas y hostiles». Una vez más se ratificaba en que fue amenazada por el general Félix Sanz Roldán, director del CNI, en su visita a Londres en mayo de 2012. Al jefe de los servicios secretos también lo acusaba de ser el coordinador de la operación de Mónaco ordenada por Juan Carlos I para robarle documentos.

Tras la reunión con Sanz Roldán en el hotel Connaught de Londres, Corinna viajó a Suiza donde se encontró en su apartamento un desagradable aviso: «Me habían dejado encima de una mesa de café un libro sobre la muerte de la Princesa Diana, que nunca había estado allí ni me pertenecía. Se titulaba: Princesa Diana: la evidencia oculta, cómo el MI6 y la CIA estuvieron involucradas en la muerte de la Princesa Diana. Esa noche recibí una llamada telefónica de una persona desconocida que me dijo, en español: «Hay muchos túneles entre Mónaco y Niza». El libro y la llamada estaban obviamente relacionados».

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Mediterráneo Digital
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