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La Otra Mirada | Mediterráneo Digital entrevista a Luis López Novelle, autor de 'España: de Hércules a Hiram'

nacho-novelle

Acaba de publicar su último libro en Ediciones Barbarroja, bajo el título de ESPAÑA: DE HÉRCULES A HIRAM, en clara y directa referencia a una España que ha pasado de apoyarse en las columnas de Hércules a hacerlo en las columnas de los templos masónicos. Se trata de una recopilación de artículos y conferencias cuya lectura –desde luego- os recomiendo. No sólo para que conozcáis –de primerísima mano- el pensamiento del autor, sino para aproximaros a una rigurosísima visión del nacionalsindicalismo. Una visión basada en un profundo estudio de las circunstancias históricas, políticas y sociales concurrentes –las causas mediatas e inmediatas y sus efectos analizados en función de nuestras realidades nacionales- y de un trabajo estricto, metódico y serio.

Porque eso es lo mejor de Luis López Novelle. Que no solamente es uno de nuestros pensadores más sólidos y rigurosos sino que –aplicando uno de esos símiles marineros que tanto le gustan- es capaz de cambiar de bordada y de aplicarse en cuestiones de política práctica. Luis es capaz de remangarse, bajar a la sentina y hacer política. Por eso tiene el falangismo en él uno de sus principales activos, porque Luis está en forma y –además- lo tiene clarísimo.

Luis no sólo es un Camarada y –mucho antes que eso- un amigo. Luis es alguien de mi familia. Así le siento, le aprecio y le quiero yo... aunque a él –con razones más que evidentes y notorias- le desespere mi caótica y desordenada personalidad. Y eso que es de esas pocas personas a las que –cada vez hay menos dentro de nuestro romo entorno político- siempre hago caso. Luis es de aquellos falangistas a las que hay que escuchar en todo caso –estando o no de acuerdo con sus tesis concretas- porque su opinión está siempre bien fundamentada y expresada. Me gusta entrevistarle para LA OTRA MIRADA de MEDITERRÁNEO DIGITAL porque presiento –lo sé- que en esta entrevista se van a decir cosas importantes. Estamos ante un entrevistado extraordinario.

 

ENTREVISTA CON LUIS LÓPEZ NOVELLE, AUTOR DE 'POR LOS CAMINOS DEL ADIÓS' Y 'ESPAÑA: DE HÉRCULES A HIRAM'

Luis López Novelle es Capitán de la Marina Mercante y Profesor de Logística de la Universidad Pontificia de Comillas, habiendo prestado sus servicios en las compañías navieras españolas más importantes. Tiene setenta y siete años. Casado, tiene cinco hijos, y vive en San Lorenzo de El Escorial. Dentro de su extenso curriculum falangista, cabe resaltar la Jefatura Comarcal de la Sierra Noroeste de Madrid dentro de FE de las JONS, la Secretaría General de este partido y la dirección del Centro de Estudios Nacional Sindicalistas (CENS) de la Hermandad de la Vieja Guardia.

Acabas de publicar ESPAÑA: DE HÉRCULES A HIRAM con Ediciones Barbarroja.. Se trata de una interesante recopilación de artículos y conferencias... ¿qué criterio has seguido para esta recopilación?

L.L.N. Naturalmente mi criterio personal se ha subordinado al número de charlas a seleccionar en función de su interés, en primer lugar. En segundo lugar, a una debida y próxima clasificación cronológica, posterior a 1.985; y en tercer lugar, sobre todo, a la oportunidad histórica y política de su contenido y su relación con el momento de pronunciar la charla y la situación de España en general, vista desde la atalaya de mi opinión personal.

Por esas tres razones el contenido de las doce charlas incluídas es varíado, y aunque su denominador común sea evidente, en ningún caso existe monotonía ni repetición. El período temporal comprendido es de veinticinco años de mi vida, desde 1.988 hasta 2.013, y pese al tiempo transcurrido desde la primera, todas siguen teniendo la frescura y la actualidad de aquello que critican, censuran o glosan. Fundamentalmente, el libro es un testimonio rendido a la idea política que abracé desde muy joven y mantengo.

¿Existe un hilo conductor dentro del conjunto del libro?

L.L.N. Claro que existe un hilo conductor a través de las doce charlas, que va más lejos de la intencionalidad del autor al pronunciarlas y le supera. Y ese hilo conductor no es otro que la Historia acompañada de su inseparable compañera: la Política.

Un historiador anglosajón de los llamados “tradicionales”, Edward Freeman, tuvo el acierto de sentenciar aquella inseparable relación diciendo que la Historia es la Política del pasado y la Política es la Historia del presente. En las doce charlas de mi libro hay Historia de España y Universal, y también hay Política española y mundial. La causa es obvia... ¿cómo es posible intentar conocer las claves del presente sin conocer el pasado? Y más aún... ¿cómo pretender vaticinar el futuro sin pegar el oído al suelo del presente?

En ese hilo conductor -que tú me preguntas y así te respondo- he tratado de deslizar a lo largo de él un mensaje: aquello que con firme resolución quiero para España y aquello que, con la misma firmeza, no deseo para ella. Como aficionado a la Historia creo que hoy, como siempre, ella es la gran maestra de la vida, de los pueblos y de las naciones.

Desde tu experiencia... ¿cómo ves el estado actual del nacionalsindicalismo?

L.L.N. Voy a tratar de ser conciso y breve en la respuesta. El nacionalsindicalismo es un término que lejos de haber perdido tensión política –pese a nuestros desesperados esfuerzos por aflojarla- ha adquirido una tensión mucho mayor. Hablo de su significado y de su necesidad de divulgación. Debemos agradecer su actualidad al enemigo por la demostración que, a diario, hace de sus errores, en particular la UGT y Comisiones Obreras. Un trabajo impagable que nosotros no estamos sabiendo aprovechar. En rigor, la acción desarrollada por las formaciones autotituladas nacionalsindicalistas a partir de la Transición ha sido de bajísima intensidad e incluso contradictoria.

Por eso mismo, su actual situación es, curiosamente, expectante fuera de la órbita falangista pero, desde su interior... anota:

  1. El nacionalsindicalismo se ha transformado en un témino retórico con un significado anfibológico.

2. Empíricamente, el nacionalsindicalismo es inexistente.

3. Pese a 1 y 2, el nacionalsindicalismo ha mantenido su pureza política desde una perspectiva axiológica.

Esta es mi opinión que, si es correctamente entendida, tiene un mensaje e intencionalidad positiva. En definitiva, encierra una propuesta de fe en la idea y la necesidad de trabajarla.

¿Qué opinión tienes sobre el debate entablado en nuestras filas sobre la posibilidad de hacer nacionalsindicalismo abandonando nuestro nombre y nuestros símbolos distintivos? ¿es posible el nacionalsindicalismo sin Falange?

L.L.N. Me haces dos preguntas en una. Con respecto a la primera, te confieso mi ignorancia sobre la existencia de tal debate. Ahora bien, hace tiempo que Adolfo Muñoz Alonso vaticinó, en el párrafo final de su espléndido libro Un Pensador para un Pueblo, el advenimiento en el futuro de una juventud promotora del alumbramiento de un orden nuevo, entre estallidos de rebeldía. Esa juventud se encontrará entonces ante la sorpresa de haber inventado Falange Española.

Ese sensacional párrafo suponía la previa desaparición de la Falange y, por ende, del nacionalsindicalismo. Y añado... ¿qué es Falange Española sin el nacionalsindicalismo? Pero además claro que sí es posible el nacionalsindicalismo sin signos externos. Ya dijo Ortega y Gasset que si nosotros no deseamos ser protagonistas de nuestra Historia, serán otros extraños quienes nos la hagan”.

En cuanto a la segunda pregunta, sencillamente se contesta con un dato cronológico: la cosa empezó con las JONS de Ramiro, Alvarez de Sotomayor, Montero Díaz, Guillén Salaya, Juan Aparicio... Falange Española supo después conjugar, en un solo haz, Tradición y Revolución.

¿En la Sierra de Madrid se han experimentado nuevas formas de actuación nacionalsindicalista por medio de la acción municipal?

L.L.N. Tu pregunta, tal como la haces, es una hipérbole gramatical o un exceso retórica, como gustes. Amén de contener ese doble sentido que inocentemente sueles emplear. Pero vamos al asunto...

La altura serrana donde vivo tiene un horizonte político muy corto. No traspasa los límites perimetrales de la Sierra de Malagón, el Valle de los Caídos, la carretera de Valdemorillo y el Embalse de Valmayor. Dentro del área así marcada, veo y participo de la actividad municipal sanlorentina cuyo ámbito no puede ser exclusivamente nacionalsindicalista. O sea, especialmente laboral aunque su sombra se alargue sobre una parte de la acción política municipal.

Como tú bien sabes, vengo colaborando con Alternativa Municipal Española como uno más, en las tareas de apoyo a nuestro Concejal. En este pequeño partido político hay personas que no son falangistas, pero que se han encontrado con la grata sorpresa que, al conocernos, han percibido que no somos seres estrafalarios ni en lo moral ni en lo político.

Por eso mismo, hasta la oposición del Partido Socialista y de Izquierda Unida se han dado cuenta de nuestra escora hacia la izquierda en lo social, que les tiene desconcertados, y nuestra irrenunciable e inquebrantable defensa de la Unidad de España y de la Fe Católica con la que tropiezan.

¿Puede la experiencia municipalista desarrollada en la Sierra de Madrid ser trasladada fuera de ese concreto ámbito geográfico?

L.L.N. No soy el más indicado para responder a esta pregunta, porque nuestra experiencia aquí no significa que seamos –ni pretendemos serlo- modelos políticos. Por otro lado, el hacerme vocero autorizado para proclamar nuestras virtudes no es misión que me seduzca. ¿Quién soy yo para recomendar a nadie la adopción de nuestra línea de trabajo? No soy misionero.

Aquí hemos aceptado que la voluntad ha de sujetarse a la norma de trabajo, que no garantiza el triunfo político pero al menos modela la conducta y obliga al cumplimiento de los deberes a diario. Es decir, a lo habitual a través del tiempo. En este grupo político, cada cual sabe cuál es su responsabilidad –quizá porque seamos pocos- y la cumple con naturalidad, sin afectación. Y esa metodología funciona. ¿Que tal sistema de vida política marca un estilo? Claro que sí. Ya sabemos la etimología de la palabra, y también que el estilo es el hombre como alguien dijo. Así todo es posible. Incluso intentar con fe hacer un milagro.

Para terminar: un modelo cualquiera es transferible y mejorable. Ahora bien, del dicho al hecho...

¿Es la vía municipalista la única salida viable del nacionalsindicalismo?

L.L.N. Desde luego que no. Su acción política fundamental es metamunicipal. Ahora bien, para esto se requiere una minoría sacrificada, bien pertrechada de conocimiento del mundo laboral y del sindical, capaz de incorporación. Y esto no lo digo por despejar del ámbito municipal una tarea muy ingrata, porque es evidente que, desde el primer momento de su nacimiento, el nacionalsindicalismo supo distinguir lo necesario de lo difícil. Supo, en definitiva, que su objetivo era la toma del poder. Un sindicalismo varado dentro del círculo vicioso del consenso democrático no es más que la tópica correa de transmisión de sus amos -los políticos cualquiera que sea su color- para inocular en la comunidad nacional una moral de esclavos.

Hoy la Justicia Social debería ser objeto de asignatura de estudio desde los Colegios, la Universidad y las Escuelas de Formación Profesional. Hablar de la realidad de la situación en la que los asalariados se encuentran hoy en España es un ensalmo. De eso se encargan las fuerzas mediáticas mediante brochazos pagados por el Poder, en su tarea de hacernos apetecible lo que al capitalismo le conviene que deseemos.

Lo que el nacionalsindicalismo necesita es que lo saquemos de la carcel de papel donde literalmente lo hemos recluído.

¿Se presenta Alternativa Municipal Española a las próximas Elecciones Municipales?

L.L.N. Amigo Nacho, nunca he sabido distinguir en todas tus iniciativas políticas si eres un inocente y candoroso -pero inquieto- activista, o bien si utilizas a sabiendas la retranca y la sorpresa como quiebros argumentales de tus actividades... vamos a ver...

A mí me parece que en este cuestionario A.M.E. ya no pinta nada. Aquello que tenía que decir sobre ella ya quedó contestado antes, en preguntas anteriores. Pero como no quiero que ni tú ni nadie piense que como gato escaldado etc etc ... me acoquino, voy a darte la respuesta que tu amable pregunta merece.

Todavía faltan doce meses para enfrentarnos con las urnas. Un período de tiempo que A.M.E. ya conoce muy bien. Después de su toma de tierra en el Ayuntamiento, se le viene encima la trabajosa preparación electoral. Y eso es lo que estamos haciendo desde hace tiempo. Sabemos, igual que tú, que las campañas electorales tienen detrás un proceso de gestación arduo y minucioso. Lo importante es que, al final, si se pierde, esto no suponga que unas siglas y su ideal salten pulverizados por el aire debido al desánimo y al cansancio.

Has afirmado que los llamados “movimientos sociales” en la España de la recesión no son más que otras fuerzas distintas del Sistema, pero Sistema al fin y al cabo... ¿puedes explicarnos esta Idea?

L.L.N. Efectivamente, lo vengo afirmando desde hace mucho tiempo y no creo que precisamente sea algún descubrimiento sensacional. Voy a tratar de justificar tal afirmación como me pides.

Para empezar, que los ingénuos se despierten y no crean que la sociedad liberal-capitalista se va a crear problemas que no sepa resolver. La frase no es mía: es de Lenin.

Por tal razonamiento, los movimientos antisistema, los insumisos, los antiglobalización, los indignados etc, reunidos en sonoras agrupaciones trashumantes, se dedican a hacer turismo mundial gracias a no se sabe qué generosas donaciones, procedentes de un misterioso mecenas protector de multitudinarias concentraciones de protesta. Es cierto que no todos los asociados a estas manifestaciones pertenecen al lobby organizador, a los que están en el secreto de ser vacunas creadas por el pensamiento único capitalista. Objetivo principal de éstos es amedrentar a uno de los iconos de culto del sistema: su famosa sociedad civil. Un caldo de cultivo que resulta fácil compungir y acobardar, con una violenta y espectacular escenografía o con la no menos atrayente y llamativa resistencia pasiva de las acampadas urbanas; que, según las necesidades del guión, protagonizan los grupos citados antes, ocasionadores del rechazo de la dócil masa del pueblo soberano dispuesta a huir de todo lo políticamente incorrecto. Una sociedad que prefiere asumir y tragarse el sapo de la corrupción política y la injusticia, antes que el estruendo de los cristales rotos y el desorden callejero.

De esa manera, sembrado el miedo en la gente de orden, el Sistema consigue de paso envilecer aún más a su sociedad civil, creándola a su imagen y semejanza. Una sociedad que Gustavo Bueno, en su libro Panfleto contra la Democracia realmente existente, ha dicho de ella lo siguiente: la sociedad civil es un concepto espúrio y por supuesto negativo. A lo que yo personalmente añado: espúrio por falta de autoridad y negativo por opuesto a la comunidad nacional. En resumidas cuentas, vacío.

Por supuesto que el Sistema se garantiza el éxito de sus operaciones de pasarela, mediante el despliegue de las fuerzas disuasorias garantes del orden establecido: las Fuerzas de Seguridad del Estado y los medios de difusión.

En consonancia con lo anterior... ¿debemos los falangistas colaborar con estos movimientos sociales?

L.L.N. Los habituales asíduos de tu Blog –y no digamos nada de nuestros Camaradas- podrán decir: ¿quiénes son estos dos para preguntar y contestar acerca de tan espinoso asunto? Sobre todo en un momento en que la fragmentación del ideal falangista se ha diluido hasta un límite donde, más allá, habrá quedado sólo un difuminado recuerdo. Nada. Eso sucederá si no acudimos a remediarlo a tiempo o a que las próximas generaciones esperen el cumplimiento de la profecía de Adolfo Muñoz Alonso. Y fíjate que me refiero al ideal en su más profundo significado político y a la acción nacionalsindicalista.

Quizá la falta de liderazgo en la Falange, la acción demoledora del tiempo y una propaganda tan soez como persistente hayan sido las causas desorientadoras y sembradoras de dudas. Una de éstas, y es probable que no la más pequeña, haya sido preguntar si la pérdida de pulso político falangista resida en haber perdido el tren de la Historia, viéndola pasar a toda velocidad desde un andén sin habernos incorporado a los nuevos tiempos y modos de interpretar, difundir y hacer política, rescatando del naufragio sólo el acento sindicalista del verbo, pero acogido bajo un paraguas de independencia que nos permitiría un respiro de participación en la democracia capitalista. Es decir, alienándonos.

De tal manera, podríamos encontrarnos instalados dentro de las corrientes de oposición al Sistema, e incluso aceptando como nuestros algunos de sus rótulos más antiglobalizadores y llenos de indignación. Al mismo tiempo, abandonaríamos la mayoría de nuestros signos externos identificadores, salvo quizá la bandera que hoy, para muchos –muchísimos- jóvenes, es desconocida. Y, después de eso... ¿dónde nos encontraríamos? Mejor dicho... ¿dónde se encontrarían los acólitos de semejante superchería?

Pregunto... ¿han cambíado los seguidores de las ideologías liberal-capitalistas y sus compañeros de viaje, los partidarios del poder económico y político absoluto y del pensamiento único? Solamente en la estrategia y en las tácticas. Hoy, en algunos casos, ya ni siquiera en ellas. No les hace falta cambíarlas.

Finalmente respondo: la Falange y los falangistas no creo que tengamos sitio en esos movimientos sociales. Ya he dicho que, en su inmensa mayoría, forman parte de la solución totalizadora. El lugar de la Falange es justamente el contrario. Desde donde denunciemos machaconamente la democracia corrupta, el reduccionismo político y cultural, la Enseñanza privatizadora a la carta y contraria a la pública, la economía capitalista que conduce a la aceptación de la injusticia social, el desmantelamiento de la Sanidad Pública para entregársela a los amigos del beneficio privado cualquiera que sean.  

¿Crees posible un estallido social en la España de 2.013?

L.L.N. Dadas las circunstancias actuales que determinan el delicado y crucial momento histórico que vivimos, es imposible que se pueda producir en España ni una parodia de movimiento social y civil, por las siguientes razones:

  1. El consenso o pacto social cerrado y sellado entre la oligarquía política: Jefatura del Estado; poderes ejecutivo, legislativo y judicial; y sindicatos; y los oligopolios o lobbies económicos: banca; eléctricas; sector químico-energético; comunicación; difusión y propaganda; telefonía; grandes superficies de productos de consumo etc.
  2. El cada vez mayor control económico-político ejercido sobre España por la Unión Europea.
  3. La desaparición total de dos poderes fácticos: las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica, pasando a ser medios instrumentales del consenso.
  4. La creación de una sociedad civil en total concordancia con el sistema político vigente, salvo retoques superestructurales.
  5. La creencia abrumadoramente mayoritaria de que el Sistema ha creado el Estado del Bienestar.
  6. La cuidadosa y bien diseñada invasión del relativismo, que ha ido rebajando también la función de los controles institucionales y mimando a los partidarios del vale todo, desde el aborto a la eutanasia pasando por los matrimonios entre homosexuales.
  7. La voladura programada de la identidad nacional de España como Patria única, indivisible e irrevocable, protegiendo constitucionalmente los partidos separatistas. Ahora, en lugar de las dos Españas, tenemos diecisiete fracturas nacionalistas quebradas en lo económico y en lo moral.

En consecuencia, la división y ausencia de cohesión de esta descoyuntada España es tan enorme que han creado, queriéndolo o sin querer, el antídoto contra un estallido popular a nivel multitudinario porque ser español, dentro de España, empieza a estar perseguido. Luego la palabra solidaridad está aquí desterrada por una razón de ingeniería política: la existencia de la repetida sociedad civil que tanto gusta a los políticos y a los periodistas.

Se ha hablado muchas veces de nuestra “refundación”... ¿crees que es precisa una refundación del nacionalsindicalismo?

L.L.N. Lo que me preguntas, una vez más, se presta al equívoco o a la doble interpretación. En primer lugar, la refundación del nacionalsindicalismo supondría la refundación de las JONS. En segundo lugar... ¿no supondría la refundación del nacionalsindicalismo otra nueva refundación de Falange Española de las JONS?

Si tu intención es desmarcar al nacionalsindicalismo de los grupos o partidos políticos falangistas, tampoco le veo a la cuestión demasiada hondura, porque creo que en todos ellos está impresa la Justicia Social como seña identitaria y, por lo tanto, nacionalsindicalista.

Pero, volviendo a las primeras palabras de tu pregunta, debo confesarte que desconozco tales habladurías. Por lo que mi opinión sobre estos temas es inexistente. En cuanto a la parte de compromiso personal que tiene la pregunta, ya hubo una refundación de FE de las JONS durante la Transición o ruptura política juancarlista. Fue el 16 de Septiembre de 1.976, cuando en el Consejo de Ministros celebrado ese día, bajo la presidencia de Adolfo Suárez, se aprobó la propuesta que el Ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, puso sobre la mesa a solicitud del Frente Nacional Español encabezado por Raimundo Fernández Cuesta y Merelo, frente a las restantes opciones que aspiraban a detentar el veterano nombre original desprendido ya de la “T”. De esa forma legal, quedaba inscrita entonces FE de las JONS en el Registro de Asociaciones Políticas, no partido político todavía.

Por todo eso, es obvio que la refundación ya está hecha, y refundar lo refundado es, además de una redundancia, una afectada y vacía pose política sobrante. Cosa distinta sería hablar de reunificación falangista, asunto del que sí he oído hablar desde hace muchos años. Que intentos ha habido, probablemente haya ahora y de seguro en el futuro, no me cabe la menor duda. He llegado a la conclusión que es una pérdida de tiempo, en la que algunos buenos camaradas han gastado sus energías tratando de encontrar la razón de la sinrazón. Quizá la solución estuviera en depositar el nombre de FE de las JONS y su Jefatura Nacional en el Presidente de la Hermandad de la Vieja Guardia, disolviéndose todas las Falanges: Auténticas, Independientes etc y, a partir de ahí... renacer como el Ave Fénix.

Por cierto... como destacado miembro de la Hermandad de la Vieja Guardia... ¿crees que esta entidad podría tener un papel más activo en el momento actual del nacionalsindicalismo?

L.L.N. Pregunta que abre la puerta a contestar con un lacónico monosílabo o con un río de palabras. Vayamos por partes.

La Hermandad de la Vieja Guardia en su ya larga historia ha desempeñado en todas sus etapas un papel esencial, nunca mejor dicho, como depositaria y celosa guardiana de la idea fundacional y de su original Norma Programática. Eso para mí ha quedado y está sobradamente acreditado, prestigia su trayectoria, se hace acreedora del respeto que merece la institución y exige velar por su existencia y mantenimiento.

Pero de las etapas recorridas desde la Transición –ruptura democrática- quiero destacar la llevada a cabo por sus diferentes Juntas de Gobierno o Directivas bajo la Presidencia de Carlos Batres Arnanz. Una dilatada acción temporal que, entre otras meritorias, destaca la de haber conseguido hacerse con la propiedad para la Hermandad del histórico local que ocupa en Madrid, en ventajosas condiciones económicas, y afanarse en haber conseguido tener una saneada tesorería como consecuencia de una concienzuda, clarísima y prudente economía. Me parece justo destacar esto porque constituye un hito histórico en todas aquellas formaciones falangistas que conozco.

Ambos logros quedarán siempre como ejemplos de eficacia en una fecunda etapa de responsable y acertada dirección. Pero sería injusto silenciar el positivo balance político de realizaciones durante todos estos años, de las que doy fe como testigo y colaborador de alguna de estas tareas. No voy a citarlas pero sí resaltar la buena disposición de ánimo de Carlos Batres para escuchar, debatir y, en su caso, aceptar, aquellas propuestas que sirvieran para los fines de la Asociación y acoger en la casa, abiertamente, a todas las tendencias falangistas. Conviene recordar las numerosas ocasiones en las que le han solicitado poder reunirse a puerta cerrada en el local de la Cuesta de Santo Domingo, sin encontrarse con objeciones a su libertad y criterios políticos ni negativas. Naturalmente, que tal labor de acercamiento y acogida no será olvidada por los beneficiarios de tan acertadas como afirmativas decisiones.

La Hermandad de la Vieja Guardia está constituída como Asociación sin ánimo de lucro y personalidad jurídica propia, regida actualmente por la Ley Orgánica 2.002 de 22 de Marzo y de sus distintas modificaciones habidas desde entonces. Las actividades de la Hermandad de la Vieja Guardia se adaptan a unos Estatutos reguladores con un total de treinta y ocho artículos. Conviene tener en cuenta que, hoy en día, el nombre de la Asociación no vincula la pertenencia y dirección de la misma a personas mayores de 50 años, por ejemplo, o a una determinada trayectoria curricular. Nada de eso. La pertenencia está abierta tanto a jóvenes como a veteranos camaradas que cumplan con lo determinado en los artículos 8 y 12 en particular. En resumidas cuentas: mayoría de edad, buena conducta, el aval de dos socios con un año de antigüedad al menos, y acreditar su pertenencia a la Hermandad en activo por un período de dos años.

Este año Carlos Batres cumple otro de los mandatos para el que fue elegido en el año 2.009. Ignoro si volverá a presentarse. Si no lo hace, la Hermandad tendrá que elegir quien lo reemplace en una responsabilidad que, en ningún caso, es un lugar para la siesta. La Hermandad de la Vieja Guardia ha de ser, cara al próximo mandato renovado o no, no sólo el lugar de encuentro de jóvenes y veteranos camaradas. Ha de elevar su voz para llevarlos a emprender proyectos vivificadores del nacionalsindicalismo y al trabajo en equipo que requiere el esfuerzo político.

Sería recomendable que la nueva dirección impulsara y apoyara las tareas de quienes, en los pueblos de Madrid, trabajan aislada y alegremente por y para que los ideales políticos de la Falange se conozcan como eran y como son. La ignorancia histórica y política popular ha adquirido unos niveles de tal calibre que, en ocasiones, producen hasta carcajadas mientras que, en otros casos, las reacciones obligan a una seria contundencia. Es también preciso levantar el ánimo de provincias y pueblos donde tenemos camaradas que se sienten olvidados. Hay que extender la acción de la Hermandad a toda España. Los españoles necesitan salir del túnel político de la corrupción, de la justicia desigual para unos pocos, de los agravios comparativos. Hemos de intentar, en primer lugar, la recuperación de la unidad en la diversidad entre los pueblos y las gentes de España. Hemos de encontrar camaradas capaces y dispuestos a dar a conocer la idea política que hace posible conjugar a la vez Tradición y Revolución.

Es una tarea de titanes. Es verdad. Propongámonos etapas que sepamos recorrer y podamos hacerlo sin desorientarnos. La Hermandad necesita talentos disciplinados y tenaces así como brazos ejecutores de tanto trabajo.

¿Crees posible, y deseable, una reactivación de las actividades del Centro de Estudios Nacional Sindicalistas (CENS)?

L.L.N. La idea de crear un Centro de Estudios Nacional Sindicalistas en la Falange no es nueva, pero para mí la más cercana y realizable fue la que me confió Santiago Fernández Olivares a finales del año 2.005. Con él y un pequeño grupo de camaradas de la Hermandad de la Vieja Guardia trabajamos en un proyecto que se presentó al Presidente y a la Directiva de la Asociación en Marzo de 2.006. Pero aquel primer intento quedó varado sujeto a una revisión que redujera sus ambiciosas pretensiones. Año y medio más tarde, la revisión quedó aprobada y el proyecto se puso en marcha en el año 2.008, bajo la dirección de Julio Pino.

El CENS continuó su andadura con un grupo de camaradas muy activo del que formé parte hasta el año 2.011. Pero.. ¿fue realmente el CENS lo que su nombre sugería? Desde luego que no. En realidad, estuvo formado por un grupo de trabajo que pretendió desarrollar, con un dinamismo permanente, cursos de formación política, histórica y sociológica, conferencias, convocatorias y celebración de mesas redondas, seminarios, presentaciones de libros etc, que dieron una nueva imagen de vitalidad a la Hermandad y atrajeron a quienes desde distintas posiciones individuales, o formando parte de partidos o grupos falangistas, entraron en debate y expusieron sus ideas sobre aspectos concretos de la vida política nacional, pero desde una perspectiva nacionalsindicalista.

Ahora bien, hacer del CENS un lugar desde donde los independientes pensadores, escritores, profesores universitarios etc se pusieran a la tarea de desarrollar tesis políticas más o menos revisionistas y actualizadoras que pusieran en sintonía el nacionalsindicalismo con la época actual, no se consiguió. Mercería la pena conocer sus causas que, en parte, podría enumerar sin temor a equivocarme.

Por eso, es evidente que no se acertó al adoptar unas siglas como CENS. En realidad, lo de Centro de Estudios había sido excesivo y pretencioso., habiéndose transformado, de forma natural y acorde con la realidad, en un Centro de Actividades Nacional Sindicalistas o, más exactamente, falangistas. Esta pregunta me ha servido para hacer un breve balance autocrítico de aquella realidad que, si hubiera mimbres –y los hay- habría que reactivar. Para lo del CENS será necesario contar antes con el grupo capaz de asumir aquella tarea de poner al día el nacionalsindicalismo, si es que le hace falta, a la luz de una rigurosa investigación histórico-política que, de momento, sigue pendiente.

Has dicho muchas veces que no crees en el concepto de “Sociedad Civil”, sino en el de “Comunidad Nacional”... ¿puedes explicarnos esa idea?

L.L.N. El cuestionario que me vienes proponiendo posee una importante dotación de cargas de profundidad política.Y me parece muy bien que si uno anda por ahí criticando determinadas fórmulas ya consagradas y sugiriendo alternativas, y no explica ni lo uno ni lo otro, se le pregunte en qué fundamenta sus propuestas, negaciones, afirmaciones, dudas etc. Pero antes de meterme en dar explicaciones, me parece oportuno decir que esta pregunta enlaza, en lo fundamental, con la novena ya contestada, y la considero –además- del mayor interés actual y, sobre todo, futuro.

Veamos. Dije en la novena respuesta que coincido plenamente con Gustavo Bueno en su valoración crítica de la sociedad civil, a la que añadí las aclaraciones que subrayaran la impostura del concepto por ser un protervo eslogan, al que se une otro no menos falso, y manoseado, llamado pueblo soberano. El resultado de la existencia de ambos, sociedad civil y pueblo soberano, permite a los políticos del Sistema jugar a placer con ambos haciéndolos intercambiables y utilísimos para adular en sus escritos y parlamentos a los sufridos contribuyentes, mientras ellos sustraen de la realidad aquellos términos que sirvieran de verdad para controlar y sancionar sus sospechosas andanzas en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Y urge añadir que los casi cuarenta años de aplastante propaganda democrática, han dejado la palabra para el arrastre cuando se la interpreta en el unívoco sentido que se le ha dado. O sea, una falsedad para ignorantes. Pero tan dilatado período de tiempo, empapado por la sofocante propaganda mediática y un sesgado desarrollo de la enseñanza a todos los niveles y la cultura, han convencido a los españoles de las bondades de formar parte de una sociedad civil con peso específico en la vida de la nación y un pueblo soberano con valor decisorio en la política del Estado. Lo que es empíricamente falso.

En caso contrario... ¿cómo es posible que una sociedad o un pueblo con facultades decisorias pueda asistir, sin intervenir, al espéctaculo de los escándalos nacionales que vienen jalonando la acción de todos los poderes reales, de Rey a Roque? Sociedad civil y pueblo soberano son negativos porque no tienen las facultades que la clase política los atribuye y, por encima de todo, ser opuestos al significado y acción del término comunidad y, más exactamente, al de comunidad nacional. Planteadas así las cosas, es inevitable el enfrentamiento entre sociedad civil o pueblo soberano y comunidad nacional. O, lo que es lo mismo, entre un holograma y una realidad viva pero a la que, intencionadamente, se ignora y oculta por quienes, desde el Sistema gobernante, controlan y dirigen, sean de izquierdas o de derechas.

La sociedad civil es consecuencia de la Revolución Industrial y el desarrollo del capitalismo durante el Siglo XIX. Un tiempo que va a marcar la creciente e imparable marcha de la civilización y el declinar de la cultura occidental. Oswald Spengler en su obra La Decadencia de Occidente sentenció las consecuencias de esta supremacía con una lapidaria frase: la Cultura es el cuerpo vivo del alma, la Civilización es la momia de ese cuerpo. Una Civilización que ha destinado cuantiosos recursos al avance de las ciencias y la tecnología, mientras ensanchaba y profundizaba la separación entre Cultura y Civilización, creando un desequilibrio inestable e innecesario. En conclusión, si el poder económico y la tecnología estaban en manos del capitalismo... ¿en qué manos habrían de caer el poder político y el Estado? No creo que haga falta contestar a la pregunta. Sin embargo, conviene señalar a la democracia liberal-capitalista como el régimen político más adecuado para garantizar el progreso indefinido, el consumo, el despotismo político, la partitocracia, los nuevos feudalismos, el pueblo soberano y la sociedad civil, la propiedad de los medios de difusión etc.

La sociedad civil, como todo aquello que es societario, significa pacto, consenso... contrato entre partes. Eso es lo que necesitaba el poder para calmar las ansias populares desatadas por la codicia de poseer riqueza que, aparentemente, se ponían al alcance de los más audaces e, incluso, de cualquiera. Una sociedad civil dotada de una sola arma: la papeleta de votación frente a un panel electoral previamente pactado entre iguales. O sea, promesas a incumplir y nada más. Pero –eso sí- todo garantizado por otra fórmula universal avalada por las leyes: el Estado de Derecho, aunque también interpretado unívocamente, según las doctas recetas de los políticos del Sistema.

Ya he dicho antes que la Comunidad Nacional es una realidad viva, antes y ahora, y su existencia es anterior a la sociedad civil. Si está viva es por su naturaleza orgánica que no neesita de formas contractuales para su existencia. Está formada por hombres y mujeres que se unen entre sí de un modo espontáneo y estrecho, debido a su origen natural y a una voluntad orgánica creadora de unas relaciones comunes, basadas en sentimientos naturales y lazos de sangre, de lugar, de raza, emprendedores y de espíritu. Engendrados por la Ley Natural y su consecuencia, el Derecho Natural., donde el sujeto principal es la persona, el ser humano. Por lo mismo... ¿qué clase de sistema político, auténticamente representativo y democrático, puede derivarse de la Comunidad Nacional? El organicista.

Termino insistiendo en que la Comunidad Nacional es natural, orgánica y espontánea. La sociedad civil es contractual e interesada, transformada en un artificio por una de las partes. Del mismo modo, la Nación es consecuentemente una realidad natural, y el Estado un aparato jurídico contractual. No hace falta decir que todo esto no supone más que un apunte iniciático que, sin dudarlo, tiene un buen equipaje polémico. Pues, si es así, habrá merecido la pena tu pregunta.

Avanzado el Siglo XXI, bajo la abrumadura superioridad militar de los Estados Unidos y ante los avances tecnológicos en materia de armamento ... ¿necesita España una Armada? Sigue siendo vigente aquella idea de nuestros Fundadores sobre que España volvería a ser grande por los caminos del Mar?

L.L.N. Cuando nuestros Fundadores redactaron la Norma Programática dada a conocer en Noviembre de 1.934, sólo habían pasado treinta y seis años desde el Desastre del 98, como culminación de una catastrófica dirección política de nuestra Patria durante todo el Siglo XIX. Víctimas de la catástrofe fueron el pueblo español y la práctica totalidad de las más señeras y fundamentales instituciones de la Nación, entre ellas la Armada. No se puede entender que, teniendo todavía unas importantísimas posesiones en el Mar Caribe y en el Océano Pacífico, nuestros políticos se olvidaran de los medios disuasorios para mantenerlas y, llegado el caso, defenderlas: una potente Escuadra de barcos de guerra, entre otros medios materiales. Sólo, y a duras penas, se puede entender si se cae en la cuenta de haber llegado a una absoluta descomposición moral, económica y política, hasta el punto que Cuba y Filipinas fueran, para los políticos de la época, una carga imposible de soportar.

No puede extrañar a nadie que, por ese Desastre, la Falange incluyera en su Norma Programática el Punto Quinto, donde se encuentran palabras semejantes a las que acertadamente recuerdas en tu pregunta: España volverá a buscar su gloria y su riqueza por las rutas del mar. España ha de aspirar a ser una gran potencia marítima, para el peligro y para el comercio. Exigimos para la Patria igual jerarquía en las flotas y en los rumbos del aire.

Y fijémenos que nuestros mayores, premonitoriamente, advertían a los políticos de su época que no se olvidaran del futuro que tenían los rumbos del aire. Pero además, si en un Programa de Veintisete Puntos, un movimiento político selecciona para aquél uno dedicado a la estrechísima relación entre España y la Mar, no cabe duda que sus hombres poseían el rasgo característico que distingue a las naciones que tienen conciencia marítima de aquellas que no la poseen. Es evidente que nuestros políticos de todo el Siglo XIX dolosamente no la tuvieron, conociendo la tradición histórica de España en la Mar, los 7.880 Kms de su perfil costero peninsular, insular y norteafricano, que se ampliaba entonces con el de Cuba, Puerto Rico y el Archipélago Filipino.

Este preámbulo histórico-falangista era necesario para no andarnos luego por las ramas. Veamos ahora la oportunidad de, plantándonos en la actualidad, justificar la importancia e influencia que el poder naval sigue teniendo en la Historia. La Constitución de 1.978, que ha conseguido empeorar a la tan bobaliconamente admirada y famosa Pepa de 1.812, habla en su Artículo 8 de la misión que tienen las Fuerzas Armadas, entre éstas la Marina de Guerra, de garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Pues muy bien. Pero en esta soberana e independiente España, se lleva hablando de secesión a calzón quitado desde antes de ese texto que es la ley de leyes. No digamos nada desde que al Señor Mas y a sus acólitos se les permite decir y hacer a su capricho, proclamando la independencia y soberanía de Cataluña, sin que a nadie de los políticos se le haya ocurrido aplicarles el Artículo 155 que sigue vigente en nuestra Constitución. Agreguemos ahora a las aspiraciones independentistas catalanas las del territorio autonómico de las Provincias Vascongadas, sin ir más lejos.

Si, por el camino que vamos, y dado que hablando no se entiende a esta gente, se llega al punto más crítico secesionista, estaremos en una situación de despedazamiento de España, separándose de ella las provincias marítimas de Gerona, Barcelona y Tarragona por un lado, y por otro las de Guipúzcoa y Vizcaya. Fíjate lo tremendo de tal situación que Dios no permita. Pero volvamos al 98, la Escuadra de Cervera partió de España para defender Cuba del imperialismo yanqui. Ahora, las amenazas están en España... si España menguara, la España grande de nuestros Fundadores y el Punto Quinto de nuestra Norma Programática, quedarían como ejemplo adivinatorio de lo que nos puede suceder si nos olvidamos de la Armada.

Pero los caminos de España en la Mar no solamente son las rutas de los barcos de la Escuadra en sus misiones nacionales e internacionales. También lo son las de nuestras flotas comerciales, mercantes y pesqueras, que necesitarán, siempre, sentirse amparadas no sólo por el Derecho Internacional sino por la fuerza de las armas contra las agresiones de los piratas o de otros enemigos. Y eso, para nuestro bien, habremos de tenerlo grabado a perpetuidad, no sólo por la abrumadora superioridad militar y tecnológica de EEUU, o de cualquier otra potencia emergente, sino también por la carcoma pacifista que corroe las cuadernas de España.

¿Tiene futuro el nacionalsindicalismo? ¿sobre qué premisas?

L.L.N. Si su porvenir depende en exclusiva del actual sindicalismo de clase: independiente pero subvencionado por el poder político y libre pero atado al consenso pactista, monclovita o toledano, desde luego que lo tiene. Pero el nacionalsindicalismo no puede depender como exclusiva razón de existir, en el futuro y sobre todo en el presente, de unos sindicatos dirigidos por un escogido grupo que haya vuelto la espalda a todo aquello que dicen representar. Los que hacen de los trabajadores afiliados una coartada y del Sindicato un burgués medio de vida complementario.

¿Qué pretenden los dirigentes de la UGT y de CCOO? ¿se han propuesto en algún momento exigir a los distintos Gobiernos una legislación laboral que garantice la Justicia Social? ¿saben acaso de los procedimientos para conseguirla? Desde luego lo que hasta ahora parecen haber pretendido, exigido y conseguido se contabiliza en concesiones patrimoniales, subvenciones y corrupción. Claro que en esta democracia, dedicada a desmontar contínuamente la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad... ¿qué ejemplos de sobriedad, respeto al mandato recibido, justicia igual para todos, dimisiones y renuncias a la poltrona se producen? Ahora bien, al poder oligárquico no se le disuelve ni se termina con sus acreditadas corrupciones políticas, haciendo a los Sindicatos simples miembros del selecto grupo de agentes económicos, que lo mismo van a la Moncloa cuanto toca que a la Zarzuela cuando se lo mandan.

Aquí, en España, las amenazas revolucionarias se eliminan por la válvula de escape de las manifestaciones organizadas por los Sindicatos. En ellas, los participantes exhiben globos, pancartas, camisetas, gorras y banderas multicolores y multiuso que decoran la puesta en escena, pero dando al conjunto de las marchas un pausado y triste aire de afectación, entre nostálgico y decadente. La respuesta del nacionalsindicalismo a los sindicatos de clase es la de un cambio radical que nos traiga su organización por ramas de producción y, al tiempo, sean los pilares de asentamiento del Estado con responsabilidades directas en las leyes políticas y en el sistema económico. Es decir, en el poder legislativo y una acción de control del ejecutivo. Unos Sindicatos no sólo de participación en las tareas políticas, sino de ejercicio de las mismas, con deberes y responsabilidades exigibles a quienes las detenten.

Pero tu pregunta plantea un silogismo del que me pides unas premisas, aunque no su conclusión. En cualquier caso, los términos, hoy como ayer, parten de las siguientes realidades:

  1. La propiedad de los medios de producción.
  2. El control de las relaciones de producción.
  3. La participación sindicalista en las tareas legislativas y ejecutivas del gobierno de la Nación.

En consecuencia, en la Conquista del Estado y el ejercicio y responsabilidad ce la planificación y objetivos de la economía nacional; sin olvidar que patronos, obreros y técnicos forman parte de la organización nacionalsindicalista.

Para que estos deseos se transformen en realidades en el futuro, el nacionalsindicalismo tiene por delante la tarea de formación de quienes, creyendo en su formulación y fines, adquieran un completo conocimiento sindicalista especializado, su difusión y debate. La tarea no es precisamente sencilla ni de resultados inmediatos, y tiene que ir acompañada, en el tiempo y en nuestra Patria, de la recuperación revolucionaria del significado de Comunidad Nacional que nos una para salir de este sistema político, creador del totalitarismo para los débiles y la impunidad para los poderosos.

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