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Diputados vascos y catalanes reprimidos por la policía en 1934

vascos-catalanes-1934

Es noticia hoy todo lo que pasa en Catalunya y por eso es bueno recordar la relación tan estrecha que se mantenía en tiempos de la II República en el Congreso de los Diputados entre catalanes y vascos.

Y para recordar uno de estos hechos traemos a colación un viaje realizado en los tiempos republicanos conocidos como el bienio negro ya que mandaba la derecha en España.

Lo ocurrido es muy ilustrativo y lo narra José Antonio Aguirre en su libro "Entre la Libertad y la Revolución".

Escribió así:

Con motivo de la estancia en el País Vasco de los Parlamentarios catalanes quiso el Partido Nacionalista Vasco que conocieran nuestro pueblo y organizó una excursión por la costa vasca, después de haber manifestado aquéllos su deseo de depositar una corona de flores en la tumba de D. Sabino de Arana y Goiri.

El día 3 por la mañana salían de Donostia (San Sebastián) los parlamentarios catalanes. Su paso por los pueblos, acompañados por los parlamentarios vascos, fue triunfal. Nuestro pueblo quiso expresar su entusiasmo y agradecimiento recibiendo a los representantes populares con sus Ayuntamientos y bandas de música a la cabeza. La excursión hasta llegar al límite de Bizkaya, se hizo sin novedad, a excepción de un pequeño incidente provocado en Zarautz donde unos cuantos veraneantes monárquicos extraños al País y por añadidura en traje de baño, se permitieron provocar al pueblo que inmediatamente castigó su osadía. En Gipuzkoa, pues, todo marchó bien.

En compañía de mis compañeros, señores Torre Larrínaga, Roblesgiz y del Sr. Basterretxea, representante del País Vasco en el Tribunal de Garantías Constitucionales, me dirigí hacia Lekeitio con ánimo de recibir a los expedicionarios y acompañarles a Sukarrieta, donde yacen los restos de Arana Goiri, y a Gernika, donde la visita al Árbol histórico de la libertad vasca y su sala de Juntas es visita obligada para aquel que quiere conocer nuestro País. En Lekeitio, el pueblo en masa con su Ayuntamiento y banda de música y txistularis recibía a los Parlamentarios en el mismo momento en que nosotros llegábamos a aquel bello rincón de la costa bizkaina. Desde allí, nos dirigimos directamente a Sukarrieta (Pedernales) donde por lo tardío de la hora acompañamos a los expedicionarios al restaurante de la isla de Txatxarramendi. El almuerzo lo ofrecían los miembros del Comité Municipal de Bizkaya en reconocimiento y gratitud a los Parlamentarios catalanes por su presencia en Euzkadi en momentos difíciles. Por la mañana eran esperados en Gernika los expedicionarios. El pueblo aguardaba al pie del recinto donde se conserva el árbol de la libertad. Hubo necesidad de avisar a Gernika que la visita a la Sala de Juntas se verificaría por la tarde pues la expedición se llevaba con retraso por el entusiasmo desbordante de los pueblos del trayecto que con sus agasajos, impedían una marcha más rápida.

En el restaurante de la isla de Txatxarramendi nos reunimos parlamentarios vascos y catalanes en unión de los concejales vizcaínos que ofrendaban el obsequio. Allí no había más personas que aquellas que almorzaban en mesas contiguas, todas ellas ajenas a nuestra excursión.

No era otra la finalidad que la de almorzar rápidamente para visitar más tarde Sukarrieta y Gernika. Transcurrió agradablemente el almuerzo y, terminado éste, el Sr. Erkoreka, Alcalde de Bilbao, se levantó para en sencillas palabras ofrecer el obsequio a nuestros visitantes. Comenzó a pronunciar unas palabras a media voz —había otras personas allí, como decimos— cuando inopinadamente, levantándose unos individuos que almorzaban en una mesa contigua, en forma brusca y violenta, exhibiendo su condición de policías, prohibieron terminantemente al Sr. Erkoreka que pronunciara una sola palabra más. Ante este hecho intolerable e incivil, estalló la violenta indignación de cuantos allí nos encontrábamos, incluso la de aquellas personas ajenas por completo a nuestro grupo y que pacíficamente hasta aquel momento se encontraban allí. Se habían recorrido cien kilómetros de expedición y la tranquilidad había acompañado a nuestros visitantes.

Pero nos encontrábamos en Bizkaya, y el Sr. Velarde, irritado por lo visto porque el pueblo, en forma unánime, demostraba su entusiasmo ante los Diputados catalanes y vascos, no pudo contener sus nervios —exaltados siempre- y cometió otra imprudencia garrafal y una descortesía impropia de un hombre medianamente educado. Tenían aquellos policías orden de no dejar pronunciar discursos, y entendiendo por tal el ofrecimiento de un almuerzo —cosa obligada en estos casos—, impidieron destemplada y groseramente que el Sr. Erkoreka cumpliera con aquel deber. ¿Iba a ser tan pobre nuestra educación que nos permitiéramos en un restaurante público, ante gente extraña, pronunciar discursos? Bien dijo el Sr. Erkoreka a los policías: "Pero, señores, si yo no soy orador ni tengo por qué pronunciar discurso alguno, porque esto no tiene esa finalidad, sino la de ofrecer a estos señores el obsequio de esta comida". Fue inútil. Había que pagar de alguna manera la celebración de la Asamblea de Zumárraga.

Desde aquí nos dirigimos a Sukarrieta, seguidos en todo momento por el coche que ocupaban los policías, sin público de clase alguna, porque ni eso era nuestro objeto, ni el lugar para nosotros sagrado que encierra las cenizas de Arana Goiri, permitía otra cosa sino mucha seriedad.

¿Pero no era lógico que al depositar la corona dijera algunas palabras el representante catalán en memoria de quien allí reposaba?

Pues hasta en aquel recinto quisieron penetrar los agentes de policía con el ánimo perturbador que es de suponer. Y eso no. Ante la tumba de Arana Goiri nuestra dignidad patriota no podía permitir perturbaciones de clase alguna. Y para evitar discusiones en aquel recinto sagrado para los vascos, impedimos por la fuerza, la entrada de la policía que desde la puerta podía contemplar el sencillo acto que se celebró depositando el Sr. Santaló una corona y diciendo estas palabras: "A Sabino de Arana, en nombre de Cataluña, con la mayor moción y esperanza". Y allí no hubo más.

Nos dirigimos a Bermeo. Por el lujo de fuerzas desplegadas comprendimos las intenciones del gobernador. Figúrese el lector cuáles serían y cómo instruyó a sus agentes que el inspector Jefe se atrevió a decir que "si el pueblo se levanta —textual— la fuerza tiene órdenes de disparar contra los parlamentarios, no contra el pueblo" ¿Se puede comprender toda la burda insensatez que encerraban aquellas palabras? Permanecimos unos diez minutos en el Ayuntamiento de aquel pueblo al que fuimos directamente sin apearnos de los coches por no ser otro el objeto que el agradecer el obsequio de un refresco que había preparado el Ayuntamiento. La multitud agolpada frente a la Casa consistorial no cesaba de vitorear y de aplaudir y ante aquella muestra de entusiasmo el Sr. Sanntaló, desde el balcón principal, vitoreó a Bermeo y a Euzkadi, contestándole yo en euzkera y rogando al pueblo que conmigo lo hiciera, con un viva a Cataluña.

Desde Bermeo, después de ser detenidos por dos veces nuestros coches en plena carretera, llegamos a Gernika, donde todo el pueblo nos esperaba con su Ayuntamiento y banda de música a la cabeza.

Las órdenes que para Gernika dictó el gobernador y el lujo de fuerzas de Asalto y Guardia Civil concentradas en Gernika daban a entender claramente que allí tenían reservado un "brillante" final de excursión.

¿Quién tendrá la culpa de que el pueblo sienta con nosotros, sino la injusticia enseñoreada hace cerca de 100 años de nuestra Patria? ¿Quién tenía la culpa de que la ineptitud de un gobernante y su espíritu intolerante no supiera comprender que nuestra presencia ante el pueblo, perseguido en sus regidores municipales, herido en su sentimiento, había de despertar el entusiasmo legítimo y puro como suele serlo en estos casos? Siguiendo el Sr. Velarde la táctica monárquica de antaño, provocó con su imprudencia característica un conflicto innecesario que vino a colmar la medida de los errores cometidos durante su desdichado mandato en Bizkaya.

Penetramos los parlamentarios en nuestra vieja Sala de Juntas y comenzó la visita de sus distintas dependencias. ¿No parece correcto, que a una representación parlamentaria tan numerosa —éramos cerca de treinta diputados— se le hubiera preguntado de antemano cuál era el objeto de su visita?

Pues bien, una vez que oyeron los representantes catalanes las explicaciones históricas que el Sr. López Mendizábal, Presidente de Euzkadi-Buru-Batzar les dio sobre el significado de aquellos recuerdos tan queridos para los vascos, un fotógrafo nos invitó a posar al pie del Árbol histórico para obtener unas fotos del grupo. La banda de música interpretó el "Gernika'ko arbola" que el pueblo cantó con fervor. Nada más comenzado el himno, de repente, sin aviso alguno, un capitán de la Guardia Civil con números a sus órdenes, irrumpió atropellando personas y banderas impidiendo por la fuerza hasta que nos fotografiaran a los Parlamentarios. Disuelta a vergazos la banda de música y dadas las órdenes oportunas, la fuerza de Asalto cargó brutalmente sobre el pueblo sin respetar edades ni sexos, provocando la más justa e irritante indignación popular, que sin distinción de matices tuvo durísimas palabras para proceder tan antihumano. Varias personas fueron heridas a consecuencia de los golpes propinados por los vergazos; más de una joven indefensa rodó por los suelos.

Detenidos por la fuerza pública, fuimos obligados los parlamentarios a montar en nuestros coches dirigiéndonos hasta las afueras del pueblo donde por dos veces fue revisada nuestra documentación con vejación repugnante y meditada para nuestra representación popular y con términos y modales tan corrientes en los hombres acostumbrados a órdenes en nuestro País con el imperio del conquistador. Soportamos la vejación los Diputados después de cambiadas unas impresiones, porque de adoptar otra actitud como correspondía a nuestra dignidad ultrajada, no hubiéramos sido nosotros las víctimas de la represión, sino el pueblo, como tantas veces lo ha confirmado desdichadamente la experiencia.

Llegó el clamor de estos sucesos al Gobierno español, abultado y desfigurado como de costumbre en las notas oficiales, cuyos firmantes hubieron de recurrir nuevamente al triste "¡Muera España!" cuya imputación tantas víctimas inocentes ha causado en nuestro País. El Gobierno anunció a la prensa española, excitada con tan falsas informaciones, los suplicatorios que por tales hechos serían concedidos por la Cámara porque él los hacía cuestión de gabinete. Al Sr. Iruxo se le acusó de haber agredido a un oficial de Asalto. A los Sres. Monzón y Marial, de haber proferido "mueras a España". A mí, de haber enviado dos bofetadas al Sr. Velarde, todo ello con tan poca habilidad que las notas oficiales dadas por el gobernador y el Jefe de policía se contradecían lamentablemente colocando todos estos hechos cada una de ellas en sido diferente. Fue hallada por un oficial de la Guardia Civil la enseña Patria de los vascos, defendida luego por varios Diputados.

Bien decía al día siguiente en nota publicada en la prensa por el Sr. Iruxo, que: "la información del Sr. Velarde es sencillamente una infamia despreciable". Yo mismo me creí sin saber ya qué argumento emplear, en el deber de jurar ante el símbolo de mi fe asegurando que todo cuanto de mueras a España y otras ruines imputaciones contenían las notas oficiales eran falsas desde la cruz hasta la fecha. Este sistema odioso y repugnante es empleado a diario en nuestro pueblo. ¿Nos había de asustar que una vez más se utilizase?

Por su parte, el pueblo de Gernika, con unanimidad extraordinaria, protestó en comunicados y telegramas, de los lamentables sucesos y de la brutal agresión al pueblo indefenso que le había sido dado presenciar. Era la venganza de los hombres derrotados por él, que en su impotencia creían poder someterlo con la fuerza del látigo. Enorme equivocación.

Claramente expresaba estas ideas el valiente telegrama que envió al Sr. Salazar Alonso, ministro de la Gobernación entonces, el Diputado a Cortes por Bilbao Sr. Kareaga. Decía así: "Continúo conversación telefónica sábado. Gobernantes como Vd. y sus delegados son el mayor deseo buen pueblo nacionalista. Siga actuando misma forma mejor manera despertar pueblo vasco. Creía merecer República otro trato que ida Monarquía. Siga así, pronto Euzkadi será unánime reconocer no cambien procedimientos. Gora Euzkadi Azkatuta".

Por su parte los Diputados vascos y catalanes, una vez llegados a Donostia, dirigieron al Presidente de las Cortes el siguiente telegrama: "Diputados catalanes y vascos en uso perfectísimo derecho todo ciudadano, realizar excursión visita a monumentos históricos noble pueblo vasco siendo vejados nuestra condición Diputados disolviéndonos forma violenta cuando bajo Árbol Gernika entonábamos himno a democracia vasca habiendo sido arrojados violentamente contra el suelo por fuerza gubernativa bandera de Euzkadi mientras pueblo en actitud pacífica era brutalmente apaleado fuerza pública. De regreso, por dos camiones de Asalto hemos sido retenidos en nuestros coches en despoblado más de una hora, teniendo que soportar actitud intolerable y provocativa fuerza pública. Elevamos a vuecencia sentida protesta atropello sin perjuicio actitud futura".

Poco después se enviaban nuestros suplicatorios a las Cortes y lo que siempre sucede, la verdad se abre paso contra la falsedad y nuestros suplicatorios han sido rechazados hace muy poco tiempo por el Congreso español reconociéndose así la infamia cometida con el pueblo vasco y con los recuerdos históricos que con tanto cariño conserva.

Por cierto, no estará de más advertir que por la noche en Donostia (San Sebastián fueron obsequiados los Diputados visitantes por el Comité Municipal de Gipuzkoa con una comida, interpretando durante ella diversas composiciones la notable masa coral Euzko Abesbatza y celebrándose comida y concierto con toda tranquilidad. En Gipuzkoa actuaba como gobernador del Estado español el Sr. Murga, que sabía ponderar prudentemente el alcance y significación de cada acontecimiento. ¿No constituye sólo este hecho la condenación más terminante de los procedimientos empleados por el de Bizkaya?

Pero todo esto no tiene importancia alguna. Nuestra historia es ésa, nuestra aliada la persecución, como el lector habrá podido observar a lo largo de estas páginas, con la diferencia, digna de anotarse, de que unas veces han tenido que sufrir con nosotros las derechas, y otras veces las izquierdas, experiencia muy saludable para unas y para otras, por si en sus cerebros endurecidos penetra de una vez la idea de la justicia y del respeto que se debe a los hombres y a los pueblos.

Pero aunque sea brevemente, no puedo menos de detenerme a considerar el brutal atropello cometido en Gernika contra nuestro pueblo. La irrupción de la fuerza pública en aquel recinto sagrado constituyó un insulto de tal magnitud a nuestra espiritualidad, a nuestra historia y a los símbolos sagrados de nuestras aspiraciones, que el pueblo vasco no puede permanecer indiferente ante la idea de celebrar un grandioso acto de desagravio en la primera ocasión en que la libertad, por pequeña que sea, resplandezca en nuestra Patria.

Pero más vergonzoso fue aún que las Gestoras de las Diputaciones vascas, a cuya guarda está encomendado el recinto del Árbol y de la Casa de Juntas de Gernika, no protestaran enérgicamente exigiendo la debida reparación, y que la Prensa que se titula "fuerista" y que empalaga con sus endechas al Árbol bendito, no publicara una sola palabra de sentimiento ante esos atropellos que hirieron en lo más profundo el alma del pueblo, porque significaron, sea cual fuera la ideología de cada cual, el desprecio más ruin de lo que es venerado entre nosotros. ¡Ni una sola palabra de condenación en sus columnas!. Más crédito les merecieron los partes oficiales, que el clamor unánime de un pueblo escarnecido. El pueblo, por su parte, toma siempre buena nota de estas actitudes de traición y cobardía.

Llegará un día en que Gernika presencie, y con ella Euzkadi entera, el desagravio del Árbol y de la Sala de Juntas profanados el día 3 de setiembre de 1934.

Iñaki Anasagasti. Publicado en el Blog de Iñaki Anasagasti

 

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