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Columnistas de opinión

La burbuja política

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Hemos sufrido de forma directa y devastadora, las consecuencias de una crisis mundial que a España nos ha devuelto no sólo a la realidad más dura e implacable en lo económico para recordarnos que no podemos ni debemos permitir que nos obliguen a vivir por encima de nuestras posibilidades; sino que, nos ha enfrentado a la innegable dosis de crudeza que supone encontrarse con uno mismo para descubrir que aquello que creíamos ser en realidad, era sólo un "espejismo" y nunca mejor dicho.

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Crimea and Catalonia

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Lluís Bassets alertaba en un artículo del riesgo que el soberanismo catalán se reflejara en el espejo de Crimea, y explicaba, con razón, las múltiples contingencias que hacen de Crimea un caso incomparable a los procesos escocés y catalán. Lo que Lluís no decía es que esa misma distorsión la aplica, también, "el otro lado", en palabras de un ministro Margallo que sale escopetado a decirle a Europa que no permita un referéndum en Crimea. Y, por supuesto, cuando dice no a Crimea, piensa en Catalunya. En ambos casos, el paralelismo demuestra grave ignorancia histórica, incapacidad para leer las claves del conflicto y anteojeras localistas para mirar el mundo.

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La manipulación de la historia

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La ventaja de la historia es que hace posible encontrar en el pasado lo que resulta indispensable, o conveniente, para las necesidades del presente. La historia de España no ha sido una excepción. Reflexionando sobre ella, Santos Juliá apuntaba con razón que tras su viaje por nuestra trayectoria en común una cosa parecía segura: "que la representación del pasado cambia a medida que se transforma la experiencia del presente". Por eso cuando los hechos históricos se resisten a lo que en un momento se precisa, cabe recurrir a "reinventarlos". Ello permite convertir costumbres que apenas alcanzan una centuria en tradiciones seculares, considerar héroes de una causa a personajes que batallaron por otra muy distinta, y entender como hechos fundadores circunstancias que en su día respondieron a necesidades que nada tienen que ver con las que se les atribuye. Pero es igual, dice Blanco: lo importante es el efecto político que con ello se consigue y no la certeza científica sobre las que esas afirmaciones se construyen. Y ello porque el nacionalismo concibe la historia, antes que nada, como una fuente de legitimidad política. Según ha escrito Fernando Savater, se trata de la historia no "en cuanto lección de lo que ha sucedido, sino en tanto programa regenerador de lo que tiene que pasar", de la "historia como condición de la política a seguir", pues "los nacionalismos que reclaman reparación se declaran damnificados por la historia y exigen el tipo de ayudas que esperan las víctimas de una inundación o un terremoto de los poderes públicos". Y continúa Savater: "Dado que la historia , en cuanto simple constatación documental de sucesos, no parece bastante perentoria como fuente de derechos políticos, los nacionalistas utilizan un aparato legendario apoyado mucho más en la estructura mítica que en la investigación cientifica". Solo la aceptación generalizada de esa impostura permite explicar, entre otras cosas, que pueda hablarse en el debate político español con total normalidad de nacionalidades históricas y regiones que, aunque no llegue a explicitarse, se supone que carecen de ese bien tan apreciado, y que serian, por tanto, regiones sin historia.

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Lofts: un espacio diferente para vivir

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Los Loft tienen su origen en la ciudad de Nueva York en los años 50, principalmente en tres de sus barrios: Tribeca, Soho y el Barrio Oeste.

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La ética y la nacionalidad

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¿Tiene sentido considerar a las naciones como comunidades que generan derechos y obligaciones de la misma manera que lo hacen las comunidades de forma más inmediata?. ¿Pueden servir los argumentos particularistas para defender las obligaciones hacia los compatriotas?.

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Gasto público

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El gasto público total en España en 2012, primer año de la presente legislatura de mayoría absoluta del PP, fue de 493.000 millones de euros, lo que representa comparado con un PIB nacional de 1.050 billones, un 47%. Dicho de otra forma, de cada dos euros generados por el trabajo de los ciudadanos y las empresas, uno estuvo en manos de las Administraciones. De esa ingente cifra, 116.000 millones corresponden a salarios. Los ingresos fueron de 382.000 millones, es decir, el Estado gastó 111.000 millones más de los que le entraron, o bien 81.000 si detraemos los 30.000 del rescate bancario. Cuando dispongamos de los números definitivos para 2013, no se apartarán mucho de los del ejercicio anterior.

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De la construcción a la destrucción del Estado

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Es en este artículo en el que debemos referirnos a un aspecto del estudio de los Estados federales al ocuparnos de su pluralidad interna, en el que tenemos la ocasión de sostener la muy diferente significación jurídica y política de lo que se tipifica como diversidades, deshomogeneidades y asimetrías. Mientras las primeras nacen de los contrastes de población, geográfica, política y desarrollo económico que encontramos con carácter general entre las diversas unidades políticas que componen un Estado federal, las deshomogeneidades tienen su origen en las diferencias que están vinculadas a las esferas competenciales respectivas de las citadas unidades, diferencias que pueden ser la consecuencia de diferencias naturales, no puede tener competencias en materias costeras el territorio que carece de costa, o de decisiones políticas de los poderes de aquellas unidades, pero sin que ni en uno ni en otro supuesto se produzca como consecuencia de tales diferencias competenciales una alteración de la posición político-constitucional de las entidades federadas. Las asimetrías presentan una naturaleza sustancialmente distinta, pues emanan de opciones que van dirigidas a crear diferencias entre las unidades como ocurre en España. Algunas de estas asimetrías aparecen como la expresión, y al propio tiempo la respuesta, al fenómeno que, tras determinar en gran medida la aparición de los más genuinos federalismos descentralizadores como el belga o el español, ha condicionado esencialmente su dinámica hasta hacerlos sustancialmente diferentes de todos los que han compuesto el objeto de estudio del autor: me refiero al fenómeno de los nacionalismos interiores.

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